Hace siete años la UNESCO reconoció un trazo histórico de dos mil 600 kilómetros que unió a centenas de comunidades en América del Norte, entre la Ciudad de México y Santa Fe, en Nuevo México, Estados Unidos: El Camino Real de Tierra Adentro.

Un camino abierto en el siglo XVI y en pleno uso hasta el XIX que recorre docenas de importantes poblaciones, entre las que destacan Querétaro, Zacatecas, Guanajuato, Jalisco y San Luis Potosí. Para el antropólogo Diego Prieto director del INAH, el Camino Real representó “la columna vertebral del proceso de formación de la nación mexicana, implicó un esfuerzo fenomenal de expansión de la economía, de poblamiento y colonización de tierras con circunstancias muy complejas; pero no fue sólo una ruta comercial, por ella no sólo circularon mercancías y abastos para los reales de minas, sino entrañó la circulación de mentalidades y formas de ser”.

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