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OBJETOS

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ACERVOS

  • Serie Diversidad - INAH TV

    Documentales

    Desde la producción artesanal del mezcal, hasta la realización de ritos chamánicos para curar enfermedades físicas y espirituales, así como la subsistencia de tradiciones en diversas comunidades indígenas, o la incursión de sus jóvenes en las llamadas redes sociales, son algunos de los temas que se abordan en los 13 programas que conforman la serie televisiva Diversidad, una coproducción del Instituto Nacional de Antropología e Historia y Canal 22. Bajo la asesoría de un equipo interdisciplinario de antropólogos, lingüistas e historiadores, la serie se adentra al seno de diversas comunidades para recoger los testimonios de sus habitantes y registrar el contexto cultural en el que se desenvuelven, con el fin de describir acontecimientos en voz de sus protagonistas. En cada programa conoceremos diferentes etnias, identidades y universos de pensamientos distantes que forman parte de nuestro México. 

    El episodio 1 “Rock Tsotsil”, exhibe a dos bandas representativas del rock indígena: Vayijel y Lumaltok, las cuales combinan leyendas y mitos ancestrales chiapanecos con música contemporánea. El episodio 2 “El Mezcal” da cuenta de la historia de esta bebida desde la época mesoamericana. El episodio 3 “Un curandero otomí” transmite rituales auténticos de dos curanderos de la región hidalguense, tradición que se encuentra en peligro de desaparecer por la migración de los jóvenes otomíes a la ciudad. El episodio 4 “La casa tomada” muestra la elaboración de murales y graffitis en una casa en ruinas. Se retrata el ambiente imperante de música, arte y libertad. El episodio 5 “El mundo en un huipil” inserta al espectador en la profundidad de metafórica de esta prenda como una representación del devenir cósmico y humano, lo cual resulta útil para aproximarse al pensamiento chinanteco. El episodio 6 “El día de Pedro, presenta los relatos acerca de las proezas del insurgente Pedro Ascencio Alquisras, así como la creencia de sus facultades sobrenaturales producto de un supuesto pacto con el Diablo. El episodio 7 “Lacandonia” habla sobre la vida de los indígenas en la selva chiapaneca, incluido, quienes se debaten entre la nación y la modernidad. 

    El episodio 8 “Caminos Arrieros” recorre las rutas comerciales datadas desde la época novohispana en el territorio de la Costa Chica de Guerrero, lo cual sirve para aproximarse a la vida de la gente que transita dicha región. El episodio 9 “Voladores” muestra la consistencia de esta ceremonia ritual y patrimonio de la humanidad, así como su condición actual y la de sus practicantes, incluido su proceso de aprendizaje e ideas en torno al vuelo) El episodio 10, “La Cruz Parlante” da cuenta de este objeto, símbolo supremo para los mayas cruzob en cuanto a su función como intermediaria entre dios y los hombres. Se informa sobre su culto así como las ideas asociadas a él. El episodio 11 “La fiesta del maíz” da cuenta de las características de esta práctica nahua veracruzana: ofrendas, bailes, sacrificios y consumo de alimentos. El episodio 12 “La abuela bruja. Pirekuas michoacanas” trata sobre la pirekua, un género musical propio de la cultura porépecha y un canto de amor. A través de ella se cuentan historias acompañadas y se mantiene una identidad cultural. El episodio 13 “Tzincapenses.www” evidencia el acercamiento de algunas comunidades indígenas con el ciberespacio, en particular un grupo de jóvenes nahuas de la sierra de Puebla, quienes comparten sus vidas por internet.

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  • Acervo textil - Museo Nacional de las Culturas de Oaxaca

    Textiles 

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  • Colección Felipe Teixidor - Fototeca Nacional

    Fotografías

    En enero de 1979 ingresó a la Fototeca Nacional el acervo de este destacado intelectual de origen español. Adquirido por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (inah). Por desgracia, también en este caso operaron los criterios de accesibilidad a los materiales, por lo que se modificó sustancialmente el orden original, incorporándose imágenes de otros fondos, especialmente del llamado Culhuacán, a la vez que piezas de este acervo fueron trasladadas a otras colecciones. En los últimos tiempos se ha trabajado para recuperar su integridad y actualmente cuenta con 13,532 piezas (410 negativos y 13,122 positivos) que abarcan de mediados del siglo XIX a cerca de 1970. El extenso legado de Teixidor se complementa con los materiales comprados por el Archivo General de la Nación, y por su acervo bibliográfico, adquirido en 1987 por la Biblioteca de México.

    Felipe Teixidor (1895-1980) nació en Barcelona, y se naturalizó mexicano en 1928. Estudió en su ciudad natal y muy joven se fue a vivir a París, donde estuvo en contacto con el medio artístico. Llegó a Orizaba, Veracruz, en 1919, y en 1922 se estableció en la capital, donde rápidamente se incorporó al ambiente cultural de vanguardia de la época, sobresaliendo su amistad con Edward Weston y Tina Modotti, la cual marcaría su apreciación hacia la fotografía, misma que también practicó. Frecuentó a diego Rivera, Jena Charlot, al Dr. Atl, Nahui Olin, Enrique y Gabriel Fernández Ledesma, Monserrat Alfau –Monna, quien se convertiría en su esposa-, Rafael Sala, Salvador Novo, Xavier Villaurrutia, Genaro Estrada y muchos otros.

    En México desarrolló sus intereses bibliográficos y cultivó su afán coleccionista. Fue vendedor de libros viejos, lo que seguramente le puso en contacto con fotografías antiguas –apreciadas por algunos miembros de sus círculo, como Enrique Fernández Ledesma-, y que debió empezar a coleccionar desde época muy temprana. Desempeñó múltiples puestos en la administración pública y coordinó las cuatro primeras ediciones del Diccionario Porrúa de historia, geografía y biografía de México y la colección Sepan Cuántos… de la misma casa editorial. La labor de edición la compartió con Monna, también española e intelectual por derecho propio. En 1980 ingresó a la Academia Mexicana de la Lengua.

    La colección de Felipe Teixidor destaca por su amplia variedad, que responde a su curiosidad en materia fotográfica y al uso que dio a las imágenes para documentar e ilustrar publicaciones. Con enorme sensibilidad plástica, Teixidor escogió obras de gran calidad, con técnicas y formatos tan diversos, que su legado resulta un valioso muestrario de los principales fotógrafos que trabajaron en México y de los distintos procesos fotográficos. Entre los autores extranjeros se encuentran Désiré Charnay, Julio Michaud, François Aubert, Alfred Briquet, William Henry Jackson, Gove and North y Hugo Brehme. En cuanto a los nacionales, cabe mencionar a Octaviano de la Mora, Lorenzo Becerril, Cruces y Campa, y los hermanos Valleto.

    Las imágenes con vistas de las principales ciudades mexicanas, así como sus paisajes y monumentos históricos y arqueológicos, han servido para el estudio del patrimonio mueble e inmueble. Su colección de retratos del siglo xx es una de las más ricas, tanto por la cantidad como por la amplia gama de personajes famosos y anónimos que aparecen, convirtiéndola en referencia básica para el estudio de las maneras de representación individual y colectiva de las clases media y alta del México decimonónico. Las series de tipos mexicanos y escenas costumbristas abren el espectro a una gama más amplia de nuestra sociedad. No faltan en su colección fotografías y postales de la Revolución, sobre todo de la Decena Trágica y la invasión norteamericana de 1914, además de vistas de ciudades y monumentos europeos y americanos. Finalmente, Teixidor también nos dejó un registro de sus viajes de trabajo, que le llevaron a recorrer gran parte del territorio nacional.

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  • Colección Hugo Brehme - Fototeca Nacional

    Fotografías

    Un año después de la adquisición del Fondo Casasola por parte del gobierno, Juan Manuel Casasola Tezcucano donó a la Fototeca Nacional un grupo de imágenes de Hugo Brehme a cambio de 250 copias de dicho fondo, las cuales deseaba utilizar con fines comerciales y de divulgación. Posteriormente, se incorporaron a ese conjunto fotografías de Brehme provenientes de otras colecciones como Teixidor y Culhuacán, haciendo un total de 2,124 piezas (1,846 negativos y 278 positivos) que abarcan el periodo que va de 1910 a 1940. No obstante, existen imágenes de este autor en otros fondos. 

    Nacido en Eisenach, Alemania, Hugo Brehme (1882-1954) se estableció en México en 1906. Creó un estudio fotográfico, situado en la calle San Juan de Letrán número 3, que no tardó en adquirir reconocimiento, y cerca de 1919 se mudó al número 27 de la avenida cinco de Mayo, bautizando su gabinete como “Fotografía Artística Hugo Brehme”, el cual se convirtió en una empresa familiar al incorporar alrededor de 1933 a su hijo Arno (1914-1990), quien estudió fotografía en Munich. El negocio se especializó en la venta de cámaras y equipo, y en la oferta de servicios completos de fotografía que incluían toma, revelado y ampliación tanto para profesionales como para aficionados. Su publicidad ofrecía “atención inmediata y esmerada” para los pedidos por correo. Con decantado sentido artístico, fruto de sus estudios sobre fotografía en su país natal, Brehme ejerció una sigilosa influencia sobre varias generaciones de fotógrafos. 

    Además de las miles de fotografías impresas como postales durante su larga carrera, sus imágenes aparecieron en revistas nacionales y extranjeras como National Geographic, Atlantic, Mapa, Mexican Life, Jueves de Excélsior y Revista de Revistas, así como en su famosa obra México pintoresco, publicada en 1923 en español, y en 1925 en alemán e inglés. Todo esto posibilitó la difusión de su lenguaje fotográfico y de su particular representación de la identidad mexicana, que bien sintetiza el título de su libro. Con mirada idílica y romántica, Brehme retrata paisajes, vegetación, habitantes, tradiciones y monumentos que ilustran la riqueza natural y diversidad cultural de nuestro país. Sensible a la búsqueda nacionalista y unificadora propiciada por los gobiernos posrevolucionarios, sus imágenes forjaron un moderno lenguaje fotográfico pleno de costumbrismo e influido por el pictorialismo, que responde al México que Brehme deseaba que el resto del mundo conociera. 

    La colección resguarda desde paisajes rurales y escenas de las grandes urbes, pasando por edificios coloniales, pirámides y templos prehispánicos, hasta modernas construcciones industriales, atribuibles a su hijo Arno. Figuran también los denominados “tipos populares”, como el aguador y el pastor, emblemas de esa misma mezcla de mexicanidad y costumbrismo que desembocaría en la representación del charro y la china poblana. También son muy conocidas sus tomas de la Revolución Mexicana. Mucho menos presente en la colección que resguarda la Fototeca, pero no menos importante, es la producción netamente comercial de Brehme: sus postales, con las que inundó el mercado nacional e internacional. De hecho, se piensa que él fue quien introdujo en México las tarjetas fotográficas de Navidad y los folletos turísticos de recuerdo, con 10 o 12 imágenes desprendibles. Poco antes de morir, Hugo Brehme adoptó la nacionalidad mexicana. Debido a su extraordinaria calidad, y por ser representativa de un estilo en boga durante la primera mitad del siglo XX, la colección de fotografías de Brehme pasó a formar parte de la Memoria de América Latina y el Caribe, dentro del Programa Memoria del Mundo de la UNESCO, el 20 de noviembre de 2002.

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  • Colección Archivo Casasola - Fototeca Nacional

    Fotografías 

    La historia de la Fototeca Nacional –como la de la propia fotografía mexicana- está indisolublemente ligada a la colección Casasola, tanto que fue precisamente este acervo el que le dio origen y hasta nombre por un periodo. A pesar de que sigue siendo la colección más apreciada, consultada y estudiada aún tiene muchísimas lecturas inéditas que ofrecer.

    La adquisición del Archivo Casasola por parte del gobierno mexicano tuvo lugar en 1976, cuando el entonces presidente de la República, Luis Echeverría, encargó al Instituto Nacional de Antropología e Historia (inah) su custodia, investigación y difusión. La compra de las 484,004 piezas (411,913 negativos y 72,091 positivos) se materializó el 23 de marzo de ese año, mediante un contrato suscrito por el director general del Instituto, Guillermo Bonfil Batalla, y Agustín Casasola Zapata, hijo de Agustín Víctor Casasola, fundador del Archivo. El gobernador del estado de Hidalgo, Jorge Rojo Lugo, donó el anexo del ex Convento de San Francisco, en Pachuca, para que sirviera como sede del acervo, lugar en el que permanece hasta hoy.

    Miles de placas conforman este fondo, producto de la labor como fotógrafo y coleccionista de imágenes de Agustín Víctor Casasola Velasco (1874-1938), hombre visionario que creó la Agencia Mexicana de Información Gráfica –nombre que variaría con el transcurso de los años-, una de las primeras agencias en el mundo que proveyó materiales fotográficos de actualidad a la prensa. Su archivo se enriqueció con el trabajo de su hermano Miguel (1876-1951); de sus seis hijos: Gustavo (1900-1982), Agustín (1901-1980), Ismael (1902-1964) y Mario (1923-1988) como fotógrafos, y Dolores (1907-2001) y Piedad (1909-1953) en el laboratorio, en el archivo y atendiendo a la clientela; y con el de sus nietos, en especial Ismael (1923-1970) y Juan (1937-1984) Casasola Tezcuano, y Mario (1929) y Agustín (1930-1995) Casasola López.

    También fue fundamental la contratación de fotógrafos externos y la adquisición o reproducción de imágenes de otros, a quienes con frecuencia no se otorgaba el crédito, práctica usual en ese entonces, a excepción de las fotos para las que se tramitaba registro de propiedad. Ello ha dificultado la identificación autoral, aunque es un hecho que el Fondo contiene obra de casi 500 autores, entre ellos Jesús H. Abitia, Hugo Brehme, Antonio Garduño, Heliodoro J. Gutiérrez, los hermanos Mayo, Eduardo Melhado, Genaro Olivares (esposo de Dolores Casasola), Sabino Osuna, Manuel Ramos, Amado Salmerón, Samuel Tinoco y Ezequiel Tostado; así como de las firmas cif y México Fotográfico, y de fotógrafos del siglo XIX.

    Muy tempranamente, el fundador utilizó los nombres Casasola, Casasola Hermanos, Casasola fot. o Casasola e Hijos, hasta 1942 en que se convirtió en Archivo Casasola. Aunque el Fondo es famoso por las fotografías de la Revolución Mexicana, lo cierto es que es infinitamente más rico, pues documenta prácticamente todos los aspectos de la vida nacional a partir de su centro político y económico. Reúne casi un siglo de trabajo ininterrumpido para la prensa, las editoras comerciales y las oficinas de gobierno, y su extraordinario valor reside en que Agustín Víctor, consciente del poder de la imagen fotográfica como registro, tuvo el firme propósito de documentar y coleccionar todo evento que a sus ojos fuera significativo en el acontecer del país.

    Preocupado por formar un archivo fotográfico al servicio de la historia de México, usó este material para dar vida a un vasto cúmulo de publicaciones que inició en 1921 con el Álbum histórico gráfico, con textos de Nicolás Rangel y Luis González Obregón, obra en la que las fotografías sustentan el discurso y a menudo proveen más elementos de interpretación que la crónica de los hechos. Aunque al parecer fue un fracaso comercial, este proyecto sentó las bases de otra obra fundamental: la Historia gráfica de la Revolución, que su hermano Miguel, y sus hijos Gustavo y Piedad, se encargarían de sacar a la luz en 1942, dando inicio así a la difusión a gran escala de imágenes históricas que, con los años, se convirtieron en iconos implantados en el imaginario colectivo mexicano y del mundo entero.

    La labor de Agustín Víctor había iniciado al despertar el siglo xx, cuando sintió la necesidad de tomar una cámara para ilustrar sus reportajes convirtiéndose en uno delos primeros fotorreporteros de México. Desde 1909 participó en diversas asociaciones de periodistas, lo cual le permitió establecer una red de contactos que sería muy útil en el desempeño de la agencia. En 1911 fundó con otros compañeros la Asociación Mexicana de Fotógrafos de Prensa, una de las pioneras mundiales en la materia. De esta manera, pudieron plantear las necesidades del gremio al gobierno emanado de la revolución maderista; en breve Agustín abriría su propia agencia. Paralelamente, Miguel comenzó a trabajar en la prensa y, a partir de los años veinte, los hermanos Casasola desempeñaron diversas comisiones para el gobierno del distrito Federal, en el que Agustín Víctor llegó a ser jefe de fotografía. Desde allí registraron, con especial atención en los encuadres, los momentos significativos, aspectos de la vida social y económica, la obra pública, el sistema judicial y el comercio con sus formas particulares de existir.

    Al mismo tiempo, otros miembros de la familia se fueron incorporando a las principales publicaciones periódicas de la época, de modo que la colección cubre en conjunto sucesos culturales, deportivos, sociales, militares y diplomáticos; desastres; transporte público; el mundo laboral, periodístico y del espectáculo; los ámbitos de las costumbres y la vida cotidiana y, desde luego, la escena política. De esta manera, las fotografías del archivo se poblaron tanto de personajes relevantes como de ciudadanos anónimos, convertidos a veces en arquetipo.

    La colección Casasola no ha sido fácil de estudiar y analizar dada su condición de registro de la vida del país de fines del siglo XIX a 1972, galería de los gustos e intereses del público –en tanto las imágenes eran publicadas y comercializadas- y muestrario del desarrollo tecnológico del medio: desde la placa de vidrio hasta la película de 35 milímetros. Sin duda, entre sus millares de piezas seguirán apareciendo muchas joyas, ya que la búsqueda de los estudiosos – que siempre responde a los tiempos históricos- encuentra diferentes resonancias en la obra.

    Al tocar el imaginario sobre el México del siglo XX, la profunda riqueza y la inherente heterogeneidad del Fondo ponen en evidencia aspectos que han sido poco tratados por la historiografía; por otro lado, la ausencia de ciertos temas y lugares tampoco ha sido objeto de estudio. Sin embargo, es posible afirmar que el éxito de los Casasola se sustentó en una alianza implícita con los gobiernos en turno, lo que en cierto modo se explica como una forma de reconocimiento al principio de autoridad, y una apuesta por la unidad del país. El proyecto de Agustín Víctor y sus descendientes fue generando una estructura que supo responder a las necesidades de la época, basada en una nueva relación del fotorreportero –y evidentemente de la prensa- con el poder.

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  • Colección Expedición Cempoala - Fototeca Nacional

    Fotografías

    Conocida como Colección Teoberto Maler, sabemos hoy que este conjunto de imágenes procede de la expedición a Cempoala que, entre agosto de 1890 y abril de 1891, dirigió Francisco del Paso y Troncoso –entonces director del Museo Nacional-, para obtener materiales que serían enviados a Madrid por motivo de las celebraciones del Cuarto Centenario del Descubrimiento de América. El autor, galardonado con medalla de plata en esa ocasión, fue Rafael García, posiblemente adscrito a la Secretaría de Guerra, aunque debió ser fundamental la visión de Del Paso y Troncoso, conocido aficionado a la fotografía.

    La incorrecta adjudicación a Maler se originó en la extraordinaria calidad del registro realizado por García, también característico del fotógrafo alemán, de quien, por otro lado, se conservan imágenes en otros fondos.

    Cempoala o Zempoala, en Veracruz, es considerada la segunda ciudad prehispánica más importante del estado después de El Tajín, sitio que también fue visitado por los expedicionarios, en 1519, cuando Hernán Cortés y sus tropas llegaron al reino de Cempoala quedaron deslumbrados por la magnificencia de sus edificios, cuyos estucos, decorados con pintura a base de conchas marinas, les hicieron pensar que las pirámides estaban hechas de plata y que se trataba de la mítica ciudad de El Dorado. Cempoala jugó un papel determinante para la caída del imperio mexica, ya que allí indígenas totonacos, que estaban sometidos al yugo de Tenochtitlán, se integraron al ejército de Cortés. Las consecuencias de la Conquista y la epidemia de viruela marcaron su decadencia, y la ciudad fue abandonada en el mismo siglo XVI. El valor del sitio encajaba perfectamente con las vertientes que se privilegiaron en la Exposición de 1892: la muestra de las antigüedades prehispánicas y de la Conquista, vista esta última como fundamento de la moderna nación mexicana.

    Sin duda, la colección proviene del Museo Nacional, y resguarda 807 piezas: 124 negativos originales y 683 positivos, algunos de los cuales son impresiones de época; se trata de un rico espectro de los usos potenciales de las imágenes científicas que abarca de 1890 a 1911. Algunas de las impresiones fueron presentadas en Madrid y otras exhibidas en el Museo, mientras que los negativos se emplearon para ilustrar el ensayo de Jesús Galindo y Villa, “Arqueología mexicana”. Las ruinas de Cempoala y del tempo del Tajín, exploradas por el director del Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnología, en misión en Europa. D. Francisco del Paso y Troncoso”, publicado en los Anales del Museo Nacional, en 1911.

    Es posible establecer una tipología del conjunto de tomas ejecutadas por Rafael García: panorámicas del paisaje, en las que destacan los ríos y poblaciones que visitó la expedición, tomadas con el fin de contextualizar el recorrido; retratos de grupo de los exploradores en las diferentes etapas del trayecto, en ocasiones con sus anfitriones o con autoridades locales; vistas de conjuntos arqueológicos, complementadas con algunos de sus rasgos constructivos u ornamentales; tomas de excavaciones en las que posan trabajadores, expedicionarios y, a veces, algún visitante; detalles de piezas arqueológicas en las ruinas o en las poblaciones a las que fueron trasladas; y, por último, retratos de la población totonaca.

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  • Colección Juan Antonio Azurmendi - Fototeca Nacional

    Fotografías

    Esta colección, compuesta por 372 piezas (265 negativos y 107 positivos) tomadas alrededor de 1890 y 1905. Ingresó a la Fototeca Nacional del Instituto Nacional de Antropología e Historia en abril de 1981, gracias a la generosidad de la familia Horcasitas Azurmendi. Esta peculiar colección fotográfica perteneció a Juan Antonio Azurmendi y, en términos generales, podemos considerarla como fotografía de familia. En ella aparecen los retratos de él, de su esposa Dolores de Teresa y de sus dos hijas; los bienes y propiedades familiares, como la fábrica textil La Colmena; además de vistas de los alrededores de la Villa Nicolás Romero, en Tlanepantla, Estado de México, donde se ubicaba la fábrica. Los viajes también fueron sujeto fotográfico, de manera que encontramos tomas tanto de sus paseos en la inmediaciones de la Ciudad de México como de sus vacaciones en Europa. Sumamente atractivas resultan las fotografías tomadas en los interiores y el jardín de la finca de su propiedad, en la calle Sadi Carnot de la colonia San Rafael, en la capital. Dentro de este conjunto sobresale una serie de singulares tomas el proceso constructivo del inmueble. Los empleados domésticos aparecen muchas veces, acompañando a la familia o incluidos en el registro de la mansión. En algunas imágenes asoman amigos y otros miembros de las parentelas Azurmendi y De Teresa, acaudaladas familias porfirianas.

    Como ha mostrado Patricia Massé, si bien las placas no llevan firma, es posible reconocer en esta colección un origen común, atribuible tanto a cuestiones estilísticas como técnicas. Es claro que en el conjunto hay más de un fotógrafo, aunque también es evidente un punto de vista similar, propio de una misma clase social. Azurmendi o los fotógrafos que efectuaron las placas, operaron por lo menos con dos equipos: uno con tripié y otro portátil. El primero corresponde a la tecnología fotográfica más usual durante la segunda mitad del siglo XIX; el segundo, en cambio, se volvió popular al despuntar el XX. Es posible que en la casa existiera un cuarto oscuro.

    Estilísticamente hablando, en las imágenes es apreciable una coherencia estructural sustentada en los principios de la perspectiva y en un orden que garantiza la visualización de un espacio inteligible. En dos de las piezas, con imágenes poco representativas de su temática característica, están inscritas las iniciales J. A. del propio Juan Antonio Azurmendi, y en piezas de otras colecciones se ha constatado su firma en algunas impresiones. Las imágenes remiten al perfil de un aficionado que tomaba fotografías por placer y que se mantuvo al margen de la práctica profesional como vía de sustento. Se trata, desde luego, de un aficionado conocedor, diestro en el manejo de equipos fotográficos y con interés por la experimentación, que en este caso va desde la manipulación a la que somete algunos negativos para alterar la imagen, hasta el juego con la figura del propio fotógrafo.

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  • Colección Eduardo Oropeza - Fototeca Nacional

    Fotografías

    Esta colección fue constituida con 155 piezas (5 negativos y 150 positivos) que se encontraban en poder del antropólogo Eduardo Oropeza, e ingresaron a la Fototeca Nacional en 1997. Aparentemente, las imágenes –tomadas durante el primer decenio del siglo XX- son obra de un fotógrafo aficionado que captó con cámara estereoscópica escenas de días de campo, jaripeos y vistas de una casa campirana con sus jardines, así como retratos de familias campesinas. También contiene series rotuladas –quizá obra comercial- sobre Chapultepec e Iglesias de la Ciudad de México, además de vistas, puentes y estaciones de ferrocarril, especialmente de la zona aledaña a Xalapa, Veracruz.

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  • Serie El INAH en sus propias palabras - Radio INAH

    Entrevistas

    Más de 100 entrevistas con investigadores, antropólogos, historiadores, y docentes del INAH que crean un mosaico donde puede verse el amplio rango de intereses que maneja la institución: desde la importancia del escudo nacional, el intercambio comercial entre Oriente y la Nueva España, hasta la Revolución Mexicana. En voz de los verdaderos protagonistas de la vida intelectual en nuestro país: Alfredo López Austin, Salvador Guilliem Arrollo, Eduardo Matos Moctezuma, y Elisa Velásquez, entre muchos otros. Estos hombres y mujeres desmenuzan, en una charla amena, la importancia de su trabajo personal y en conjunto la importancia del INAH.

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ESPACIOS

  • Centro Comunitario Ecatepec, Casa de Morelos

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  • Museo de Sitio de Cantona

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  • Museo y Centro de Documentación ex Convento de la Natividad en Tepoztlán

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  • Museo de Sitio de Toniná

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  • En 1558 fray Bernardino de Sahagún fue comisionado por el décimo provincial de los franciscanos, fray Francisco de Toral, para que escribiera sobre aquello que pudiera ser útil para mantener la “cristiandad de los naturales de la Nueva España”. Sahagún inició su investigación ...
  • En la basta colección de esculturas del Museo Nacional de Virreinato podemos admirar la representación de algunos santos, cuya fina talla en madera, aunada al uso de ojos de vidrio, lágrimas de cristal y dientes naturales, los dotan de un realismo inigualable. Esta escultura es la de San Juan Nepomuceno, en cuya ley...
  • La alfarería de Mesoamérica es de los objetos donde mejor se aprecian los elementos artísticos representativos de cada una de sus regiones culturales. Los platos, especialmente los decorados, son una de las fuentes que los arqueólogos e historiadores utilizan para observar las influencias entre las diferentes &aacut...

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