COLECCIONES MEDIATECA

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OBJETOS

  • Aproximación al estudio del culto fálico en dos civilizaciones: Mesoamérica y el Egipto antiguo

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  • Diario de Campo - Num. 4 (2011) En memoria de Carlos Monsiváis

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  • Paneles pintados con la representación de las fauces de una serpiente

    Murales

ACERVOS

  • Colección Cruces y Campa - Fototeca Nacional

    Fotografías

    Esta colección fue creada en 1993, a raíz de una investigación realizada por la historiadora Patricia Massé en torno a la obra de estos autores, ubicada en diversas colecciones de la Fototeca Nacional a modo de facilitar su acceso. Los 1,435 positivos que abarcan de 1862 a inicios del siglo xx, provenían originalmente de las colecciones del Museo Nacional (Culhuacán), Felipe Teixidor y Casasola.

    Cruces y Campa fue una de las firmas más famosas entre el gremio de profesionales establecido en la década de 1860, cuando surgió un novedoso formato para el retrato: la tarjeta de visita, que propició la reducción de costos y una amplia circulación. El estudio fue fundado en 1862 por Antíoco Cruces y el profesor de grabado Luis Campa en la Ciudad de México, primero en la calle de San Francisco y luego en la del Empedradillo, a un costado de la Catedral Metropolitana. La firma se mantuvo durante quince años y posteriormente Cruces se hizo cargo del negocio; sin embargo, todo indica que su ex socio fundó un nuevo estudio, Campa y compañía, que figura en 1903. Mientras laboraron juntos, por sus salones circularon los más destacados personajes de las sociedad y la política mexicana, especialmente los vinculados al partido liberal. Aunque también fotografiaron a la elite del Segundo Imperio.

    Ambos autores estudiaron en la Academia de San Carlos, donde Campa impartió la cátedra de grabado. Esta formación les permitió componer sus obras dentro de los cánones artísticos vigentes, lo que les valió el reconocimiento nacional e internacional, ejemplo de ello es el premio obtenido en la Exposición de Filadelfia de 1876. En sus retratos están presentes los signos de aceptación social de la época, enmarcados en un decorado sencillo que permití acentuar la personalidad de los sujetos con una impresión de naturalidad. Un año antes, anunciaban que a partir de octubre, iban a destruir los “clichets o retratos negativos” que habían conservado por catorce años para dar un nuevo uso a los cristales.

    Algunos de esos retratos les sirvieron para editar con gran éxito una Galería de personas que han ejercido el mando supremo de México, registrada en 1874. Con textos de Basilio Pérez Gallardo, fue un eficaz vehículo para la educación cívica a raíz de la derrota del Imperio y la restauración de la República. También acrecentó su fama la vasta colección de tipos mexicanos, que alcanzó una amplia difusión y que con el tiempo se ha incorporado al imaginario social del país. Ésta se caracteriza por la presencia en el estudio de indígenas y mestizos encuadrados en una cuidadosa escenografía, la cual conducía la representación a los modelos iconográficos de lo pintoresco.

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  • Colección C. B. Waite / W. Scott - Fototeca Nacional

    Fotografías

    La colección abarca de 1895 a cerca de 1914, se constituyó a partir de varias colecciones, especialmente la de Culhuacán, con la finalidad de reunir la obra de dos autores norteamericanos, quienes realizaron en México su trabajo más conocido. C.B. Waite registró la mayor parte de los materiales ante el Ministerio de Instrucción Pública, tal como lo estipuló en 1883 la Ley de Registro de Propiedad Artística y Literaria (en el Archivo General de la Nación se resguardan 3,440 fotografías precedentes del depósito); la colección, compuesta por 8,389 piezas (2,653 negativos y 5,736 positivos), llevó únicamente su nombre hasta 2005. En ese año se agregó el de W. Scott, ya que la observación de las imágenes y la investigación contemporánea han permitido establecer la autoría de éste en muchas de ellas. Todo parece indicar que existió algún tipo de acuerdo mediante el cual ambos utilizaron indistintamente sus fotografías. 

    Por otra parte, y al igual que en otros casos, la amplitud del trabajo de estos fotógrafos, su calidad y popularidad, hace que sus obras se encuentren en diversos fondos. Charles Burlingame Waite (1861-ca. 1929) nacido en Ohio, Estados Unidos, abrió en 1889 un estudio fotográfico en San Francisco, California, según la investigación llevada a cabo por Francisco Montellano. En 1896 se estableció en la Ciudad de México, donde supo aprovechar el auge de la publicaciones ilustradas y la moda de las postales para desarrollare un próspero negocio que lo mismo registraba sitios arqueológicos como Mitla o Palenque, que el trabajo de haciendas caucheras en Chiapas, escenas costumbristas o eventos políticos. Fue célebre el proceso judicial que se le siguió por retratos de púberes, considerados pornográficos, así como por imágenes que se regodeaban en la miseria en que vivía parte importante de la población. En realidad, es posible que algunas de aquellas imágenes hayan sido obra de Scott, quien había sido procesado en Oakland, California, por la venta de “fotografías lujuriosas”, acusación de la cual fue finalmente exonerado. Waite fue encarcelado, aunque pudo salir mediante el pago de una caución. Dejó México con la Revolución, posiblemente a raíz del asesinato de su hermano, en 1912, y de la violencia de la Decena Trágica, de la cual ejecutó una serie interesante sobre los desastres causados por los combates. Emigró con su familia a Los Ángeles, California, y sólo regresó para una visita breve en 1925. 

    Winfield Scott (1863-1942) nació en Michigan y, después de probar suerte en diferentes oficios en varias ciudades de los Estados Unidos, llegó a México en 1895 y se asentó en la estación La Trinidad, en Silao, Guanajuato, como ha podido determinar Beatriz Malagón. Trabajó para el Ferrocarril Central, y en 1897 publicitó “la colección más grande y completa de vistas del país y de su vida”. En 1900 compró un terreno a orillas del lago de Chapala, en Ocotlán, Jalisco, donde se estableció con una mujer de la región, dejando un gran número de vistas del lago y los alrededores. Ese mismo año inició la colaboración con Waite, a quien posiblemente conoció en California cuando ambos intentaban abrirse camino como fotógrafos. En 1910, tras un sangriento asalto al hotel donde trabajaba en Chapala. Desde allí anunciaba la venta de “verdaderos retratos de la vida y paisaje en este país de pintoresquismo inigualable”. Scott se mudó a California con su hija Margarita, sujeto de muchas fotografías. Regresó a México en 1912, y por algunos años viajó constantemente a California realizando trabajos fotográficos, aunque también se desempeñó en la hotelería. Abandonó definitivamente el país en 1924, y murió en Los Ángeles. 

    En conjunto, la obra de estos autores se caracteriza por el registro exhaustivo de gran parte del territorio nacional, seguramente siguiendo las rutas ferroviarias, o atendiendo el llamado de inversionistas y editores. Sus imágenes fueron pensadas para el público extranjero, como lo prueba el que muchas de ellas incluyan una inscripción en inglés, que con frecuencia apelaba al humor. Ofrecen una visión costumbrista del paisaje, los monumentos y los personajes de México, generando un imaginario que también fue adoptado en el país, gracias a su amplia circulación tanto en publicaciones como en forma de postales, bajo el sello, primero, de la Sonora News Company y, posteriormente, de La Rochester. No obstante, y pese a responder a ciertos estereotipos, las fotografías muestran empatía con los sujetos, sus oficios y costumbres, en especial en el retrato de mujeres y niños, aparentemente la especialidad de Scott. La destreza y profesionalismo de ambos se refleja también en el cuidado de sus impresiones, hechas seguramente en el estudio de Waite en la Ciudad de México.

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  • Colección Vives Price - Fototeca Nacional

    Fotografías

    Esta pequeña colección de 533 piezas (196 negativos y 337 positivos) ingresó en la Fototeca Nacional en los años ochenta, sin quedar registro de su procedencia. Todas las fotografías son de las primeras décadas del siglo XX, y entre los temas que abordan, se encuentran escenas de las fiestas del Centenario de la Independencia, algunas relacionadas con el comercio de imágenes que se desarrolló en torno a dicho evento. Así, aparecen los desfiles y las residencias oficiales; también encontramos vistas de la Ciudad de México, paseos y sucesos destacables, las grutas de Cacahuamilpa –una de las excursiones tradicionales de la época–, el transporte ferroviario y la industria.

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  • Colección Proyecto México - Fototeca Nacional

    Fotografías

    La colección está integrada por 23,480 imágenes que se obtuvieron a partir del proyecto del mismo nombre, desarrollado por la Coordinación Nacional de Difusión del INAH. Dicho proyecto tenía como objetivo, elaborar una serie de cuadernillos o guías (llamadas así miniguías) que dieran al visitante de zonas arqueológicas, de museos o de monumentos históricos, bajo custodia del INAH, un primer acercamiento a los contenidos que vería en la visita, ubicación del sitio y formas de acceso.

    El llamado Proyecto México se inició en el año 1991 y contó con la asistencia de mas de 130 fotógrafos entre los que se destacan José Luis Ávila, que hicieron tomas de los diversos lugares a lo largo de la República. Además de estas imágenes, se realizaron miniguías de festividades, danzas, ceremonias y otras manifestaciones antropológicas. El resultado de este esfuerzo, fue una colección fotográfica de aproximadamente 20 mil piezas en diversos procesos fotográficos: Transparencia gelatina sobre película de seguridad, impresión cromogénea, impresión plata sobre gelatina y negativo de película de seguridad.

    Las miniguías tuvieron el éxito esperado, ya que al estar al alcance de la mano del público en general y a un costo accesible (lo mismo en las librerías del INAH que en las taquillas de los sitios), complementaban la visita, haciendo de esta una experiencia enriquecedora.

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  • Serie El INAH en sus propias palabras - Radio INAH

    Entrevistas

    Más de 100 entrevistas con investigadores, antropólogos, historiadores, y docentes del INAH que crean un mosaico donde puede verse el amplio rango de intereses que maneja la institución: desde la importancia del escudo nacional, el intercambio comercial entre Oriente y la Nueva España, hasta la Revolución Mexicana. En voz de los verdaderos protagonistas de la vida intelectual en nuestro país: Alfredo López Austin, Salvador Guilliem Arrollo, Eduardo Matos Moctezuma, y Elisa Velásquez, entre muchos otros. Estos hombres y mujeres desmenuzan, en una charla amena, la importancia de su trabajo personal y en conjunto la importancia del INAH.

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  • Colección Luis Castillo Ledón - Fototeca Nacional

    Fotografías

    Es una de las colecciones documentales más emblemáticas. Se incorporó en el 2008, con 541 impresiones fotográficas estereoscópicas y otras de formato 4 x 5 pulgadas. Imágenes captadas por el fotógrafo Gustavo F. Solís, a solicitud del periodista, historiador y político mexicano Luis Castillo Ledón (1879-1944). Ambos recorrieron cerca de doce mil kilómetros siguiendo el itinerario del cura Miguel Hidalgo y Costilla, durante el movimiento de Independencia por varias entidades del país. Dichas fotografías fueron parte de un proyecto encomendado por la entonces Secretaría de la Instrucción Pública y Bellas Artes, para conmemorar el Centenario de la Independencia.

    El académico nayarita Luis Castillo Ledón realizó el trabajo, entre 1909 y 1910, complementando con un texto que se publicó póstumo: “Hidalgo, la vida del héroe”. Recorriendo a lomo de caballo llegó a poblados y lugares alejados encontrando a veces ruinas de los lugares, pero registrando cada uno de los sitios, como el antiguo obispado de Morelia, la casa grande de Corralejo o la casa donde nació Hidalgo en Pénjamo. Resulta interesante una vista de la ciudad de Chihuahua desde el cerro del Coronel, lo que nos indica que tanto el historiador como el fotógrafo tomaron muy en serio su labor de registro. No podía dejar fuera una toma de la pila bautismal del cura Hidalgo in situ en Cuitzeo de los Naranjos, Guanajuato, hoy de Abasolo. Las piezas fotográficas, en su mayoría positivos en albúmina y otras en plata gelatina, todas montadas sobre soporte secundario; fueron donadas directamente por Beatriz Castillo Ledón de González –hija de Don Luis Castillo León– a la Fototeca Nacional.

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  • Colección Archivo Casasola - Fototeca Nacional

    Fotografías 

    La historia de la Fototeca Nacional –como la de la propia fotografía mexicana- está indisolublemente ligada a la colección Casasola, tanto que fue precisamente este acervo el que le dio origen y hasta nombre por un periodo. A pesar de que sigue siendo la colección más apreciada, consultada y estudiada aún tiene muchísimas lecturas inéditas que ofrecer.

    La adquisición del Archivo Casasola por parte del gobierno mexicano tuvo lugar en 1976, cuando el entonces presidente de la República, Luis Echeverría, encargó al Instituto Nacional de Antropología e Historia (inah) su custodia, investigación y difusión. La compra de las 484,004 piezas (411,913 negativos y 72,091 positivos) se materializó el 23 de marzo de ese año, mediante un contrato suscrito por el director general del Instituto, Guillermo Bonfil Batalla, y Agustín Casasola Zapata, hijo de Agustín Víctor Casasola, fundador del Archivo. El gobernador del estado de Hidalgo, Jorge Rojo Lugo, donó el anexo del ex Convento de San Francisco, en Pachuca, para que sirviera como sede del acervo, lugar en el que permanece hasta hoy.

    Miles de placas conforman este fondo, producto de la labor como fotógrafo y coleccionista de imágenes de Agustín Víctor Casasola Velasco (1874-1938), hombre visionario que creó la Agencia Mexicana de Información Gráfica –nombre que variaría con el transcurso de los años-, una de las primeras agencias en el mundo que proveyó materiales fotográficos de actualidad a la prensa. Su archivo se enriqueció con el trabajo de su hermano Miguel (1876-1951); de sus seis hijos: Gustavo (1900-1982), Agustín (1901-1980), Ismael (1902-1964) y Mario (1923-1988) como fotógrafos, y Dolores (1907-2001) y Piedad (1909-1953) en el laboratorio, en el archivo y atendiendo a la clientela; y con el de sus nietos, en especial Ismael (1923-1970) y Juan (1937-1984) Casasola Tezcuano, y Mario (1929) y Agustín (1930-1995) Casasola López.

    También fue fundamental la contratación de fotógrafos externos y la adquisición o reproducción de imágenes de otros, a quienes con frecuencia no se otorgaba el crédito, práctica usual en ese entonces, a excepción de las fotos para las que se tramitaba registro de propiedad. Ello ha dificultado la identificación autoral, aunque es un hecho que el Fondo contiene obra de casi 500 autores, entre ellos Jesús H. Abitia, Hugo Brehme, Antonio Garduño, Heliodoro J. Gutiérrez, los hermanos Mayo, Eduardo Melhado, Genaro Olivares (esposo de Dolores Casasola), Sabino Osuna, Manuel Ramos, Amado Salmerón, Samuel Tinoco y Ezequiel Tostado; así como de las firmas cif y México Fotográfico, y de fotógrafos del siglo XIX.

    Muy tempranamente, el fundador utilizó los nombres Casasola, Casasola Hermanos, Casasola fot. o Casasola e Hijos, hasta 1942 en que se convirtió en Archivo Casasola. Aunque el Fondo es famoso por las fotografías de la Revolución Mexicana, lo cierto es que es infinitamente más rico, pues documenta prácticamente todos los aspectos de la vida nacional a partir de su centro político y económico. Reúne casi un siglo de trabajo ininterrumpido para la prensa, las editoras comerciales y las oficinas de gobierno, y su extraordinario valor reside en que Agustín Víctor, consciente del poder de la imagen fotográfica como registro, tuvo el firme propósito de documentar y coleccionar todo evento que a sus ojos fuera significativo en el acontecer del país.

    Preocupado por formar un archivo fotográfico al servicio de la historia de México, usó este material para dar vida a un vasto cúmulo de publicaciones que inició en 1921 con el Álbum histórico gráfico, con textos de Nicolás Rangel y Luis González Obregón, obra en la que las fotografías sustentan el discurso y a menudo proveen más elementos de interpretación que la crónica de los hechos. Aunque al parecer fue un fracaso comercial, este proyecto sentó las bases de otra obra fundamental: la Historia gráfica de la Revolución, que su hermano Miguel, y sus hijos Gustavo y Piedad, se encargarían de sacar a la luz en 1942, dando inicio así a la difusión a gran escala de imágenes históricas que, con los años, se convirtieron en iconos implantados en el imaginario colectivo mexicano y del mundo entero.

    La labor de Agustín Víctor había iniciado al despertar el siglo xx, cuando sintió la necesidad de tomar una cámara para ilustrar sus reportajes convirtiéndose en uno delos primeros fotorreporteros de México. Desde 1909 participó en diversas asociaciones de periodistas, lo cual le permitió establecer una red de contactos que sería muy útil en el desempeño de la agencia. En 1911 fundó con otros compañeros la Asociación Mexicana de Fotógrafos de Prensa, una de las pioneras mundiales en la materia. De esta manera, pudieron plantear las necesidades del gremio al gobierno emanado de la revolución maderista; en breve Agustín abriría su propia agencia. Paralelamente, Miguel comenzó a trabajar en la prensa y, a partir de los años veinte, los hermanos Casasola desempeñaron diversas comisiones para el gobierno del distrito Federal, en el que Agustín Víctor llegó a ser jefe de fotografía. Desde allí registraron, con especial atención en los encuadres, los momentos significativos, aspectos de la vida social y económica, la obra pública, el sistema judicial y el comercio con sus formas particulares de existir.

    Al mismo tiempo, otros miembros de la familia se fueron incorporando a las principales publicaciones periódicas de la época, de modo que la colección cubre en conjunto sucesos culturales, deportivos, sociales, militares y diplomáticos; desastres; transporte público; el mundo laboral, periodístico y del espectáculo; los ámbitos de las costumbres y la vida cotidiana y, desde luego, la escena política. De esta manera, las fotografías del archivo se poblaron tanto de personajes relevantes como de ciudadanos anónimos, convertidos a veces en arquetipo.

    La colección Casasola no ha sido fácil de estudiar y analizar dada su condición de registro de la vida del país de fines del siglo XIX a 1972, galería de los gustos e intereses del público –en tanto las imágenes eran publicadas y comercializadas- y muestrario del desarrollo tecnológico del medio: desde la placa de vidrio hasta la película de 35 milímetros. Sin duda, entre sus millares de piezas seguirán apareciendo muchas joyas, ya que la búsqueda de los estudiosos – que siempre responde a los tiempos históricos- encuentra diferentes resonancias en la obra.

    Al tocar el imaginario sobre el México del siglo XX, la profunda riqueza y la inherente heterogeneidad del Fondo ponen en evidencia aspectos que han sido poco tratados por la historiografía; por otro lado, la ausencia de ciertos temas y lugares tampoco ha sido objeto de estudio. Sin embargo, es posible afirmar que el éxito de los Casasola se sustentó en una alianza implícita con los gobiernos en turno, lo que en cierto modo se explica como una forma de reconocimiento al principio de autoridad, y una apuesta por la unidad del país. El proyecto de Agustín Víctor y sus descendientes fue generando una estructura que supo responder a las necesidades de la época, basada en una nueva relación del fotorreportero –y evidentemente de la prensa- con el poder.

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  • Colección de cerámica - Museo Nacional del Virreinato

    Piezas históricas

    Exhibe ejemplos de mayólica o talavera de Puebla, entre los que destacan piezas de vajillas y azulejos. De estos últimos, los más importantes son los que decoran la Casa de Loreto, el Relicario de San José, el piso del Camarín de la Virgen y la Capilla del noviciado.

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  • Colección Guillermo Kahlo - Fototeca Nacional

    Fotografías 

    El 18 de junio de 1980 ingresaron a la Fototeca Nacional 4,290 piezas (1,390 negativos y 2,900 positivos) del fotógrafo Guillermo Kahlo provenientes de la Fototeca de Culhuacán. Una parte de ellas probablemente perteneció a la Dirección General del Patrimonio Nacional, y la otra fue entregada al Museo Nacional en 1909. 

    En 1891, Wilhelm Kahlo (1871-1941) llegó a nuestro país procedente de Alemania; al poco tiempo se nacionalizó mexicano y castellanizó su nombre. Luego de probar suerte como empleado, se dedicó a la fotografía, especializándose en el registro arquitectónico de edificios comerciales, industriales y públicos. En muchos de ellos destacaba el proceso mismo de construcción, ante la novedad de las estructuras de acero, como el nuevo Teatro Nacional y la Oficina de Correos. Una parte de su trabajo apareció en la sección “México Moderno” de El Mundo Ilustrado, y en otras publicaciones de la época. Especialista en “edificios, interiores de habitaciones, fábricas, maquinaria, etc.” –como se anunció el 24 febrero de 1901 en esa misma revista–, Kahlo, alrededor de 1904, fue comisionado por el entonces secretario de Hacienda, José Yves Limantour, para realizar un registro fotográfico de los bienes de propiedad federal, el cual serviría para publicar una serie de álbumes que debían coincidir con el Centenario de la Independencia. 

    Con estilo realista y monumental, y una técnica depurada, el fotógrafo registró exhaustivamente la capital y sus alrededores, y recorrió al menos decenas de ciudades y pueblos de los estados de México, Guanajuato, Hidalgo, Jalisco, Oaxaca, Puebla, Querétaro, San Luis Potosí y Tlaxcala, entre otros, con al menos dos voluminosas cámaras a cuestas, decenas de frágiles placas de vidrio en formato 11 x 14 y 8 x 10 pulgadas, químicos y cuadernos para sus apuntes que le permitieron identificar puntualmente las imágenes. Aunque no se alejó de las rutas de fácil acceso a través del ferrocarril, la empresa no debió ser fácil. 

    La edición de los álbumes encomendados por Limantour comprendió 22 tomos forrados en cuero y adornados con el escudo nacional flanqueado por alegorías de las artes, sin índices ni explicación introductoria, y con un número variable de páginas. Las fotografías impresas al platino, en formato 11 x 14 pulgadas, y con soporte de lino para asegurar su conservación, se encontraban adheridas en ambas caras a un cartón impreso con un borde geométrico de inspiración art nouveau, que incluía la identificación del lugar. Las imágenes fueron agrupadas por ciudades o sitios, comenzando por la Ciudad de México. Cada iglesia fue sistemáticamente documentada, en su exterior y en su interior, prestándose especial atención a las portadas, naves, altares, cúpulas y, ocasionalmente, a los detalles decorativos y muebles. Por materiales fechados posteriormente, es posible especular que Kahlo continuó con este trabajo después del cambio de gobierno en 1911. 

    Iglesias de México, otro proyecto monumental auspiciado por la Secretaría de Hacienda, fue el vehículo de difusión de la obra del fotógrafo alemán. Realizada entre 1924 y 1927, esta edición de seis volúmenes contaba con textos y dibujos del Dr. Atl, con la colaboración del historiador y literato Manuel Toussaint, cercano al proyecto vasconcelista, y con la del ingeniero civil José R. Benítez, poco después director del Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía y de Monumentos Nacionales. En 1928, el Departamento de Bellas Artes, dependiente de la Inspección General de Monumentos de la Secretaría de Educación Pública, editó nueve volúmenes con el título Monumentos históricos de México, con impresiones de los negativos de Kahlo; otros dos más aparecieron posteriormente con una mascarilla que lleva el nombre de la Secretaría de Educación Pública en la impresión. Lamentablemente la fama de la pintora Frida Kahlo (1907-1954) ha concentrado la atención del público, relegando a segundo plano la extraordinaria producción de su padre. La obra de Guillermo Kahlo preservada por la Fototeca Nacional abarca las primeras tres décadas del siglo XX y ha sido la fuente más importante para el estudio del patrimonio arquitectónico virreinal, especialmente el de corte religioso. En tiempos recientes se ha estudiado también desde la perspectiva estética, haciendo un justo reconocimiento a sus aportaciones a la fotografía del país.

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ESPACIOS

  • Museo Histórico Regional, ex Cuartel de la Compañía Fija

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