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  • Colección Otto Dahl - Fototeca Nacional

    Fotografías

    El 23 de enero de 1980, el arqueólogo Rafael Abascal Macías, director del Centro Regional Hidalgo, hizo entrega a la Fototeca Nacional de un pequeño grupo de 32 positivos originales, que abarca de 1910 a 1913, con la indicación de que llevara el nombre del coronel Otto Dahl. Es posible que la donación proviniera de Josefina Dahl, quien en ese entonces era jefa del Departamento de Museos y Exposiciones del Instituto Nacional de Antropología e Historia. La colección contiene un núcleo extraordinario de imágenes sobre las Fiestas del Centenario de la Independencia, así como sobre la estela de destrucción que dejaron en la capital los combates de la Decena Trágica en febrero de 1913, cuando parte del ejército se sublevó en contra del gobierno. Este episodio culminó con los asesinatos de Francisco I. Madero y José María Pino Suárez, presidente y vicepresidente de la República, respectivamente, y con el ascenso al poder del general Victoriano Huerta.

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  • Colección C. B. Waite / W. Scott - Fototeca Nacional

    Fotografías

    La colección abarca de 1895 a cerca de 1914, se constituyó a partir de varias colecciones, especialmente la de Culhuacán, con la finalidad de reunir la obra de dos autores norteamericanos, quienes realizaron en México su trabajo más conocido. C.B. Waite registró la mayor parte de los materiales ante el Ministerio de Instrucción Pública, tal como lo estipuló en 1883 la Ley de Registro de Propiedad Artística y Literaria (en el Archivo General de la Nación se resguardan 3,440 fotografías precedentes del depósito); la colección, compuesta por 8,389 piezas (2,653 negativos y 5,736 positivos), llevó únicamente su nombre hasta 2005. En ese año se agregó el de W. Scott, ya que la observación de las imágenes y la investigación contemporánea han permitido establecer la autoría de éste en muchas de ellas. Todo parece indicar que existió algún tipo de acuerdo mediante el cual ambos utilizaron indistintamente sus fotografías. 

    Por otra parte, y al igual que en otros casos, la amplitud del trabajo de estos fotógrafos, su calidad y popularidad, hace que sus obras se encuentren en diversos fondos. Charles Burlingame Waite (1861-ca. 1929) nacido en Ohio, Estados Unidos, abrió en 1889 un estudio fotográfico en San Francisco, California, según la investigación llevada a cabo por Francisco Montellano. En 1896 se estableció en la Ciudad de México, donde supo aprovechar el auge de la publicaciones ilustradas y la moda de las postales para desarrollare un próspero negocio que lo mismo registraba sitios arqueológicos como Mitla o Palenque, que el trabajo de haciendas caucheras en Chiapas, escenas costumbristas o eventos políticos. Fue célebre el proceso judicial que se le siguió por retratos de púberes, considerados pornográficos, así como por imágenes que se regodeaban en la miseria en que vivía parte importante de la población. En realidad, es posible que algunas de aquellas imágenes hayan sido obra de Scott, quien había sido procesado en Oakland, California, por la venta de “fotografías lujuriosas”, acusación de la cual fue finalmente exonerado. Waite fue encarcelado, aunque pudo salir mediante el pago de una caución. Dejó México con la Revolución, posiblemente a raíz del asesinato de su hermano, en 1912, y de la violencia de la Decena Trágica, de la cual ejecutó una serie interesante sobre los desastres causados por los combates. Emigró con su familia a Los Ángeles, California, y sólo regresó para una visita breve en 1925. 

    Winfield Scott (1863-1942) nació en Michigan y, después de probar suerte en diferentes oficios en varias ciudades de los Estados Unidos, llegó a México en 1895 y se asentó en la estación La Trinidad, en Silao, Guanajuato, como ha podido determinar Beatriz Malagón. Trabajó para el Ferrocarril Central, y en 1897 publicitó “la colección más grande y completa de vistas del país y de su vida”. En 1900 compró un terreno a orillas del lago de Chapala, en Ocotlán, Jalisco, donde se estableció con una mujer de la región, dejando un gran número de vistas del lago y los alrededores. Ese mismo año inició la colaboración con Waite, a quien posiblemente conoció en California cuando ambos intentaban abrirse camino como fotógrafos. En 1910, tras un sangriento asalto al hotel donde trabajaba en Chapala. Desde allí anunciaba la venta de “verdaderos retratos de la vida y paisaje en este país de pintoresquismo inigualable”. Scott se mudó a California con su hija Margarita, sujeto de muchas fotografías. Regresó a México en 1912, y por algunos años viajó constantemente a California realizando trabajos fotográficos, aunque también se desempeñó en la hotelería. Abandonó definitivamente el país en 1924, y murió en Los Ángeles. 

    En conjunto, la obra de estos autores se caracteriza por el registro exhaustivo de gran parte del territorio nacional, seguramente siguiendo las rutas ferroviarias, o atendiendo el llamado de inversionistas y editores. Sus imágenes fueron pensadas para el público extranjero, como lo prueba el que muchas de ellas incluyan una inscripción en inglés, que con frecuencia apelaba al humor. Ofrecen una visión costumbrista del paisaje, los monumentos y los personajes de México, generando un imaginario que también fue adoptado en el país, gracias a su amplia circulación tanto en publicaciones como en forma de postales, bajo el sello, primero, de la Sonora News Company y, posteriormente, de La Rochester. No obstante, y pese a responder a ciertos estereotipos, las fotografías muestran empatía con los sujetos, sus oficios y costumbres, en especial en el retrato de mujeres y niños, aparentemente la especialidad de Scott. La destreza y profesionalismo de ambos se refleja también en el cuidado de sus impresiones, hechas seguramente en el estudio de Waite en la Ciudad de México.

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  • Colección Imágenes de Cámara - Fototeca Nacional

    Fotografías

    Bajo este rubro se agrupan tres técnicas utilizadas en el siglo XIX para producir una imagen positiva directa y única: daguerrotipo, ambrotipo y ferrotipo, así como algunas variantes del proceso al colodión, como el melanotipo. Por motivos de conservación, y dado el especial cuidado que requieren estos materiales, la mayoría de las imágenes de cámara dispersas en otras colecciones, principalmente Chapultepec y Felipe Teixidor, fueron concentradas en esta colección hace ya un par de décadas. Así, está integrado por 95 piezas (27 daguerrotipos, 44 ambrotipos, 20 ferrotipos y cuatro variantes del proceso al colodión) que van de 1847 a fines del siglo XIX. 

    El daguerrotipo es la primera técnica que se considera fotográfica y se trata de un imagen positiva cuyo soporte es una placa de cobre, sensibilizada con yoduro de plata, que generalmente se colocaba en un marco o estuche protector. El ambrotipo, imagen positiva directa sobre una placa de vidrio a partir del proceso al colodión húmedo, se comenzó a usar en el decenio de 1850. El ferrotipo, derivado del ambrotipo, fue el medio más económico para conservar una imagen personal, y su práctica se extendió hasta las primeras décadas del siglo XX. Tal como sucedió en otros países, en México estas imágenes se utilizaron sobre todo para el retrato, y hoy constituye una muy particular galería de los personajes que poblaron los estudios fotográficos –establecidos o improvisados– en busca de una representación personal que trascendiera el umbral de la propia vida.

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  • Acervo Etnográfico - Museo de las Culturas de Oaxaca

    Piezas etnográficas

    Los objetos de este acervo permiten un acercamiento a las costumbres y manifestaciones artísticas y populares de las poblaciones indígenas del estado de Oaxaca. Es importante destacar que estas actividades artísticas se siguen llevando a cabo en la actualidad, tal es el caso de la cerámica, orfebrería, tallas, herrería, talabartería, cuchillería y producción de bebidas.

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  • Colección Hugo Brehme - Fototeca Nacional

    Fotografías

    Un año después de la adquisición del Fondo Casasola por parte del gobierno, Juan Manuel Casasola Tezcucano donó a la Fototeca Nacional un grupo de imágenes de Hugo Brehme a cambio de 250 copias de dicho fondo, las cuales deseaba utilizar con fines comerciales y de divulgación. Posteriormente, se incorporaron a ese conjunto fotografías de Brehme provenientes de otras colecciones como Teixidor y Culhuacán, haciendo un total de 2,124 piezas (1,846 negativos y 278 positivos) que abarcan el periodo que va de 1910 a 1940. No obstante, existen imágenes de este autor en otros fondos. 

    Nacido en Eisenach, Alemania, Hugo Brehme (1882-1954) se estableció en México en 1906. Creó un estudio fotográfico, situado en la calle San Juan de Letrán número 3, que no tardó en adquirir reconocimiento, y cerca de 1919 se mudó al número 27 de la avenida cinco de Mayo, bautizando su gabinete como “Fotografía Artística Hugo Brehme”, el cual se convirtió en una empresa familiar al incorporar alrededor de 1933 a su hijo Arno (1914-1990), quien estudió fotografía en Munich. El negocio se especializó en la venta de cámaras y equipo, y en la oferta de servicios completos de fotografía que incluían toma, revelado y ampliación tanto para profesionales como para aficionados. Su publicidad ofrecía “atención inmediata y esmerada” para los pedidos por correo. Con decantado sentido artístico, fruto de sus estudios sobre fotografía en su país natal, Brehme ejerció una sigilosa influencia sobre varias generaciones de fotógrafos. 

    Además de las miles de fotografías impresas como postales durante su larga carrera, sus imágenes aparecieron en revistas nacionales y extranjeras como National Geographic, Atlantic, Mapa, Mexican Life, Jueves de Excélsior y Revista de Revistas, así como en su famosa obra México pintoresco, publicada en 1923 en español, y en 1925 en alemán e inglés. Todo esto posibilitó la difusión de su lenguaje fotográfico y de su particular representación de la identidad mexicana, que bien sintetiza el título de su libro. Con mirada idílica y romántica, Brehme retrata paisajes, vegetación, habitantes, tradiciones y monumentos que ilustran la riqueza natural y diversidad cultural de nuestro país. Sensible a la búsqueda nacionalista y unificadora propiciada por los gobiernos posrevolucionarios, sus imágenes forjaron un moderno lenguaje fotográfico pleno de costumbrismo e influido por el pictorialismo, que responde al México que Brehme deseaba que el resto del mundo conociera. 

    La colección resguarda desde paisajes rurales y escenas de las grandes urbes, pasando por edificios coloniales, pirámides y templos prehispánicos, hasta modernas construcciones industriales, atribuibles a su hijo Arno. Figuran también los denominados “tipos populares”, como el aguador y el pastor, emblemas de esa misma mezcla de mexicanidad y costumbrismo que desembocaría en la representación del charro y la china poblana. También son muy conocidas sus tomas de la Revolución Mexicana. Mucho menos presente en la colección que resguarda la Fototeca, pero no menos importante, es la producción netamente comercial de Brehme: sus postales, con las que inundó el mercado nacional e internacional. De hecho, se piensa que él fue quien introdujo en México las tarjetas fotográficas de Navidad y los folletos turísticos de recuerdo, con 10 o 12 imágenes desprendibles. Poco antes de morir, Hugo Brehme adoptó la nacionalidad mexicana. Debido a su extraordinaria calidad, y por ser representativa de un estilo en boga durante la primera mitad del siglo XX, la colección de fotografías de Brehme pasó a formar parte de la Memoria de América Latina y el Caribe, dentro del Programa Memoria del Mundo de la UNESCO, el 20 de noviembre de 2002.

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  • Colección Nacho López - Fototeca Nacional

    Fotografías

    En 1986 el Consejo Nacional de Fomento Educativo (CONAFE) compró el acervo de Nacho López, compuesto por 35,654 piezas (32,239 negativos y 3,415 impresiones) que van de 1940 a 1980 y, a petición expresa del autor, inmediatamente lo entregó al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) para su resguardo, investigación y difusión. Originario de Tampico, Ignacio López Bocanegra (1923-1986) desde muy joven mostró interés por la fotografía, que comenzó a practicar en Mérida. En 1944 se trasladó a la capital del país y fue ayudante de camarógrafo en la Unión de trabajadores de estudios Cinematográficos, iniciando en 1945 sus estudios en el Instituto de Artes y Ciencias Cinematográficas de México donde, entre otras figuras señeras, impartían clases el fotógrafo Manuel Álvarez Bravo y el director de cine alejandro Galindo. En 1948 residió por un breve periodo en Venezuela, sede de su primera muestra, donde fue maestro de técnica fotográfica en la Escuela de Periodismo de la Universidad Central de Caracas.

    A partir de los años cincuenta inició su conocida etapa como fotorreportero y desde entonces destacó por su cobertura de la vida popular de la Ciudad de México. Llevó a cabo un importante registro de danza contemporánea, actividad para la que siempre guardó especial atención debido al vínculo con su hermana, la bailarina Rocío Sagaón. Por esos años comenzó su colaboración con diversas revistas y periódicos como Mañana, Así, Hoy, Siempre!, Life y Artes de México. Desde 1956 incursionó en el cine –que fue una de sus pasiones– y filmó a lo largo de su vida varios documentales, noticieros y cortometrajes, obteniendo un premio por Los hombre cultos (1972). Fue asistente y laboratorista de Víctor De Palma, fotógrafo de Life, a quien consideró su primer maestro. Entre sus publicaciones figuran Viaje a la tarahumara (1960); un número doble de Artes de México, “La Ciudad de México III” (1964); Los pueblos de la bruma y el sol (1981); Los trabajadores del campo y la ciudad (1982); Los chontales de Tabasco (1982) y Yo, el ciudadano (1984). Realizó numerosas exposiciones, entre las que figuran Cincuenta imágenes de jazz (1962, con Pedro Cervantes), Caleidoscopio fotográfico (1965) y Espacios constantes (1984).

    Importante para su madurez plástica fue su participación en el grupo de Los Interioristas, que promovían un arte ligado al hombre en respuesta al abstraccionismo imperante entonces, y con el cual expuso en 1961. En los años setenta fue catedrático en la Facultad de Artes Plásticas de la Universidad Veracruzana y en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la Universidad Nacional Autónoma de México, al mismo tiempo dictó numerosas conferencias sobre cine y fotografía. Fundador del Consejo Mexicano de Fotografía, escribió una serie de artículos en torno al Primer Coloquio Latinoamericano de fotografía, convocado en 1978. Trabajó para varias instituciones gubernamentales, como el Comité Administrador del Programa Federal de Construcción de Escuelas, en 1963; el Instituto Nacional de Capacitación Agraria, en 1974; la Dirección de Educación Indígena, en 1980, y el instituto de Estudios Políticos, Económicos y Sociales, en 1982. Destaca su labor en el Instituto Nacional Indigenista (hoy Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas), para el cual realizó extensos registros fotográficos en diferentes zonas indígenas y varios cortometrajes. Allí colaboró en la formación del archivo audiovisual, junto con sus amigos Alfonso Muñoz y Óscar Menéndez.

    Nacho López hizo del fotoensayo una forma muy personal de expresión. Muchas de sus mejores series fueron “dirigidas”, mediante situaciones que él mismo provocaba en el ambiente popular de la capital: es el caso de los ensayos, Cuando una mujer guapa parte plaza por Madero y La Venus se va de juerga. De este modo, como ha señalado John Mraz, detrás de sus secuencias fotográficas hay todo un trabajo de concepción, planeación, dirección y ejecución, que da una nueva dimensión a la toma instantánea y al trabajo documental. También supo desplegar en los registros más ortodoxos de documentación y en el tratamiento de temas étnicos, arquitectónicos y sociales, un encuadre novedoso y perspicaz, que se sumaba a una sorprendente actitud lúdica. Una vez realizada la serie, López trabajaba en la selección, montaje, pies de foto y edición, así como en la formación misma de la página, ensamblando imágenes con textos propios o ajenos. Por la calidad plástica y técnica de sus imágenes y su compromiso social, por las reflexiones en torno a su propio quehacer, y por la lucidez con que abordó algunos de los temas medulares de la compleja sociedad mexicana de la segunda mitad el siglo XX, Nacho López es considerado uno de los principales teóricos del fotoperiodismo mexicano, y uno delos fotógrafos documentales más importantes.

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  • Colección Cien Fotógrafos Contemporáneos en México - Fototeca Nacional

    Fotografías

    En 2006 la dirección del Sistema Nacional de Fototecas planteó un programa de donación encaminado a incrementar el acervo patrimonial en material de fotografía contemporánea, con autores –mexicanos y extranjeros– que hayan efectuado aportaciones al campo fotográfico, a través de los diversos géneros, de 1980 en adelante. La lista de autores, cubre el vasto territorio mexicano, e indudablemente no se circunscribe solo a cien autores.

    Esta colección permitirá a futuras generaciones comprender y estudiar el México de nuestros días. Si bien se observa en algunos autores la influencia o la referencia a la producción de reconocidos antecesores, en la gran mayoría resulta evidente un discurso propio resultado de las búsquedas formales y estéticas. En términos generales las obras seleccionadas son un buen ejemplo del quehacer fotográfico contemporáneo. Coinciden tanto la fotografía documental y el retrato, como la realizada con fines conceptuales y plásticos. Las técnicas empleadas van desde la tradicional fotografía plata/gelatina, hasta la procesada e impresa vía digital, pasando por la de color y procesos históricos como el platinotipo.

    La colección se incrementa anualmente y hasta el momento cuenta con 517 impresiones fotográficas de más de noventa autores, en orden alfabético: Luis Agundis, Benjamín Alcántara, Lourdes Almeida, Yolanda Andrade, Eduardo Arco, Patricia Aridjis, Lorenzo Armendáriz, Ángela Arziniaga, Nadia Baram, Carolina Bello, María Di Paola Blum, Adrián Bódek, Enrique Bordes Mangel, Byron Brauchli, Dante Busquets, Jorge Camarillo, Lorena Campbell, Carlos Cano, Ana Casas, Mónica Cárdenas, Alejandro Cartagena, Tomás Casademunt, Ulises Castellanos, Cia de Foto, Gilberto Chen, Waldemaro Concha, Marco Antonio Cruz, José Luis Cuevas, Vittorio D´Onofri, Héctor Vicario, Paola Dávila, Maru de la Garza, Ireri de la Peña, Alfredo De Stéfano, Marianna Dellekamp, Alex Dorfsman, Erick Estrada Bellman, Miguel Fematt, Gabriel Figueroa Flores, Julio Galindo, Federico Gama, Ricardo Garibay Ruíz, Abigaíl González, Manuel González de la Parra, Silvia González de León, Vicente Guijosa, Alejandra Guzmán Orta, Marco Antonio Hernábdez Badillo, José Hernández Claire, Graciela Iturbide, Jesús Jiménez, Carlos Jurado, Carlos Lamothe, Bela Límenes, Juan Rodrigo Llaguno, Luis / Caballo, David Maawad, Patricia Martín, María Eugenia Martínez Juache, Lilia Martínez, Francisco Mata Rosas, Adrián Mendieta, Víctor Mendiola, Juan Pablo Meneses, Pedro Meyer, Fernando Meza, Edward Montañez, Fernando Montiel Klint, Gerardo Montiel Klint, Loreto Morales, Rodrigo Moya, Kenia Nárez, Oscar Necoechea, Juan José Ochoa, Saraí Ojeda, Roberto Ortíz Giacoman, Mauricio Palos, Armando Cristeto Patiño, Rubén Pax, René Peña, Dulce Pinzón, Ramón Portales, Ernesto Ramírez, Humberto Ríos, Carla Rippey, Everardo Rivera, Oswaldo Ruíz, Katiuska Saavedra, Isabel Ruíz, Guillermo Serrano, Jean Sidaner, Carlos Abraham Slim, Alberto Tovalín, Domingo Valdivieso y Lorena Velázquez.

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  • Colección Culhuacán - Fototeca Nacional

    Fotografías

    Este fondo tiene su origen en las colecciones del antiguo Museo Nacional y se prolonga a las actividades del Instituto Nacional de Antropología e Historia hasta la década de 1960. En él se encuentran temáticas muy diversas que dan cuenta de la multiplicidad de tareas que han enfrentado estas instituciones: el registro de sitios prehispánicos y del patrimonio monumental, documental y artístico del país; los objetos que formaban parte de los acervos; la museografía; los retratos de personajes destacados de la cultura en las primeras décadas del siglo XX; el personal del Museo; eventos históricos y series de imágenes que se intercambiaban con otras instituciones en el mundo. Asimismo, se encuentra representado un rico panorama de técnicas fotográficas y de autores que laboraron en el país, ya fuera como fotógrafos de la institución o como profesionales que solicitaban su permiso.

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  • Colección Prehispánico - Fototeca Nacional

    Fotografías

    Esta colección fue incorporada a la Fototeca Nacional en los primeros meses de 1978, procedente de la Fototeca de Culhuacán, primera con tal concepto en el país y en donde se había instituido un apartado Prehispánico que pretendía dar cuenta del trabajo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en torno al pasado precolombino. En él se encontraba una parte de los materiales históricos del Museo Nacional, otras permanecen en la Coordinación Nacional de Arqueología, la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia y el Archivo Histórico del Museo Nacional de Antropología. Lamentablemente, en el transporte y subsecuente clasificación en la Fototeca Nacional, estos materiales se mezclaron con los de la Colección Culhuacán.

     En la actualidad, la Colección está conformada por 73,552 piezas (28,530 negativos y 45,022 positivos) que van de la segunda mitad del siglo XIX a cerca de 1970. Originalmente, estuvo organizado en aproximadamente 250 álbumes que reunían impresiones antiguas y contemporáneas de diversos sitios arqueológicos, y contaban con una referencia a un negativo que podía ser original, o realizado a partir de un positivo antiguo. Entre las imágenes figuran las donadas por extranjeros que realizaban exploraciones, quienes debían obtener el permiso del antiguo Museo para llevar a cabo sus trabajos, y como parte de los acuerdos, enviaban informes acompañados con fotografías, práctica aún vigente en el INAH. Asimismo, en esta colección se hallan los registros de investigaciones desarrolladas a partir del Museo, como las de Leopoldo Batres, al igual que la documentación de piezas resultado de las excavaciones, donaciones o requisiciones, con frecuencia dispuestas en sugerentes composiciones. Por lo consiguiente, el cuantioso acervo resguarda vistas de sitios arqueológicos antes y después de los trabajos de desmonte, así como imágenes de los principales edificios y monumentos, los procesos de excavación y restauración –en los que a veces aparecen los arqueólogos y trabajadores de la zona–, y la vida en los campamentos.

     Con la creación del Instituto se formó la Dirección de Monumentos Prehispánicos, la cual se abocó a la custodia y conservación del patrimonio arqueológico, y a la exploración e investigación de las zonas. Ignacio Marquina asienta que Luis Limón, quien había colaborado con Alfonso Caso e Ignacio Bernal, organizó el archivo de materiales fotográficos sobre arqueología. Muy diferentes de las imágenes de ruinas antiguas hechas por viajeros como Désiré Charnay –que inauguraron un nuevo género de la fotografía mexicana, mezcla de romanticismo y asombro ante los vestigios arqueológicos, tan lejanas a la precisión científica como espectaculares– la mayoría de las fotografías del siglo XX, son testimonios puntuales del proceso de excavación arqueológica y sus hallazgos. Sin pretensiones estéticas, son el auxiliar perfecto para documentar lo que el arqueólogo ve: los hallazgos tal y como aparecieron in situ, las capas y los colores de la tierra, las fases constructivas, la colocación de unas piezas respecto de otras, las formas de los entierros, las dimensiones de los objetos y la orientación que tenían originalmente. Por ello es común que aparezcan con escala, orientadas al norte y con los números de referencia topográfica que identifican la cala. Desafortunadamente, parte de los registros fotográficos sin datos precisos en cuanto al sitio, fecha, arqueólogo encargado del proyecto y fotógrafo. No obstante, las imágenes constituyen una rica fuente para la investigación en este ámbito, ya que aportan información de primera mano sobre la historia de la arqueología en nuestro país, y dan fe de la inmensa labor de registro que se realizó y que sigue llevando a cabo en el INAH.

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