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  • Colección Proyecto México - Fototeca Nacional

    Fotografías

    La colección está integrada por 23,480 imágenes que se obtuvieron a partir del proyecto del mismo nombre, desarrollado por la Coordinación Nacional de Difusión del INAH. Dicho proyecto tenía como objetivo, elaborar una serie de cuadernillos o guías (llamadas así miniguías) que dieran al visitante de zonas arqueológicas, de museos o de monumentos históricos, bajo custodia del INAH, un primer acercamiento a los contenidos que vería en la visita, ubicación del sitio y formas de acceso.

    El llamado Proyecto México se inició en el año 1991 y contó con la asistencia de mas de 130 fotógrafos entre los que se destacan José Luis Ávila, que hicieron tomas de los diversos lugares a lo largo de la República. Además de estas imágenes, se realizaron miniguías de festividades, danzas, ceremonias y otras manifestaciones antropológicas. El resultado de este esfuerzo, fue una colección fotográfica de aproximadamente 20 mil piezas en diversos procesos fotográficos: Transparencia gelatina sobre película de seguridad, impresión cromogénea, impresión plata sobre gelatina y negativo de película de seguridad.

    Las miniguías tuvieron el éxito esperado, ya que al estar al alcance de la mano del público en general y a un costo accesible (lo mismo en las librerías del INAH que en las taquillas de los sitios), complementaban la visita, haciendo de esta una experiencia enriquecedora.

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  • Colección Vives Price - Fototeca Nacional

    Fotografías

    Esta pequeña colección de 533 piezas (196 negativos y 337 positivos) ingresó en la Fototeca Nacional en los años ochenta, sin quedar registro de su procedencia. Todas las fotografías son de las primeras décadas del siglo XX, y entre los temas que abordan, se encuentran escenas de las fiestas del Centenario de la Independencia, algunas relacionadas con el comercio de imágenes que se desarrolló en torno a dicho evento. Así, aparecen los desfiles y las residencias oficiales; también encontramos vistas de la Ciudad de México, paseos y sucesos destacables, las grutas de Cacahuamilpa –una de las excursiones tradicionales de la época–, el transporte ferroviario y la industria.

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  • Colección Imágenes de Cámara - Fototeca Nacional

    Fotografías

    Bajo este rubro se agrupan tres técnicas utilizadas en el siglo XIX para producir una imagen positiva directa y única: daguerrotipo, ambrotipo y ferrotipo, así como algunas variantes del proceso al colodión, como el melanotipo. Por motivos de conservación, y dado el especial cuidado que requieren estos materiales, la mayoría de las imágenes de cámara dispersas en otras colecciones, principalmente Chapultepec y Felipe Teixidor, fueron concentradas en esta colección hace ya un par de décadas. Así, está integrado por 95 piezas (27 daguerrotipos, 44 ambrotipos, 20 ferrotipos y cuatro variantes del proceso al colodión) que van de 1847 a fines del siglo XIX. 

    El daguerrotipo es la primera técnica que se considera fotográfica y se trata de un imagen positiva cuyo soporte es una placa de cobre, sensibilizada con yoduro de plata, que generalmente se colocaba en un marco o estuche protector. El ambrotipo, imagen positiva directa sobre una placa de vidrio a partir del proceso al colodión húmedo, se comenzó a usar en el decenio de 1850. El ferrotipo, derivado del ambrotipo, fue el medio más económico para conservar una imagen personal, y su práctica se extendió hasta las primeras décadas del siglo XX. Tal como sucedió en otros países, en México estas imágenes se utilizaron sobre todo para el retrato, y hoy constituye una muy particular galería de los personajes que poblaron los estudios fotográficos –establecidos o improvisados– en busca de una representación personal que trascendiera el umbral de la propia vida.

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  • Colección de cerámica - Museo Nacional del Virreinato

    Piezas históricas

    Exhibe ejemplos de mayólica o talavera de Puebla, entre los que destacan piezas de vajillas y azulejos. De estos últimos, los más importantes son los que decoran la Casa de Loreto, el Relicario de San José, el piso del Camarín de la Virgen y la Capilla del noviciado.

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  • Colección Fotografía Estereoscópica - Fototeca Nacional

    Fotografías 

    Al igual que otras colecciones, ésta fue creado para reunir y facilitar la consulta y estudio de las fotografías estereoscópicas dispersas en varias colecciones de la Fototeca Nacional. Este formato fue popular desde mediados del siglo XIX y conoció un nuevo auge a principios del XX. Es posible encontrar diferentes técnicas en su elaboración; de hecho, se empezó a utilizar poco después de la aparición del daguerrotipo, y se llegó a imprimir mediante técnicas fotomecánicas. Su atractivo principal reside en la sorprendente profundidad que proporciona la imagen bidimensional, que parece hacer más real la escena. Esta sensación se genera a través de la superposición de dos imágenes iguales, ligeramente desfasadas. Para alcanzar públicos variados, los fotógrafos solían imprimir en formato estereoscópico y en impresiones únicas la misma imagen.

    Para disfrutar de estas fotografías, es necesario contar con un aparato, el estereoscopio, base de un pasatiempo que tuvo sus inicios en exhibiciones públicas por las que se cobraba la entrada. De un primigenio y sencillo visor se convirtió, en los primeros años del siglo pasado, en un elaborado y costoso artefacto que permitía visualizar mecánicamente gran número de fotos. Pronto ingresó a la intimidad de los hogares mexicanos, generando un repertorio visual con una iconografía amplia, cuyo objetivo era presentar un panorama exhaustivo del mundo. Era una especie de atlas que aunaba a las modernas imágenes de ciudades, escenas de la población local. De tal suerte, es posible hallar en este fondo, compuesto por 665 piezas (611 negativos y 54 positivos), vistas urbanas y rurales, monumentos y aspectos de la vida cotidiana que abarcan de la segunda mitad del siglo XIX a los primeros años del XX.

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  • Colección Prehispánico - Fototeca Nacional

    Fotografías

    Esta colección fue incorporada a la Fototeca Nacional en los primeros meses de 1978, procedente de la Fototeca de Culhuacán, primera con tal concepto en el país y en donde se había instituido un apartado Prehispánico que pretendía dar cuenta del trabajo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en torno al pasado precolombino. En él se encontraba una parte de los materiales históricos del Museo Nacional, otras permanecen en la Coordinación Nacional de Arqueología, la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia y el Archivo Histórico del Museo Nacional de Antropología. Lamentablemente, en el transporte y subsecuente clasificación en la Fototeca Nacional, estos materiales se mezclaron con los de la Colección Culhuacán.

     En la actualidad, la Colección está conformada por 73,552 piezas (28,530 negativos y 45,022 positivos) que van de la segunda mitad del siglo XIX a cerca de 1970. Originalmente, estuvo organizado en aproximadamente 250 álbumes que reunían impresiones antiguas y contemporáneas de diversos sitios arqueológicos, y contaban con una referencia a un negativo que podía ser original, o realizado a partir de un positivo antiguo. Entre las imágenes figuran las donadas por extranjeros que realizaban exploraciones, quienes debían obtener el permiso del antiguo Museo para llevar a cabo sus trabajos, y como parte de los acuerdos, enviaban informes acompañados con fotografías, práctica aún vigente en el INAH. Asimismo, en esta colección se hallan los registros de investigaciones desarrolladas a partir del Museo, como las de Leopoldo Batres, al igual que la documentación de piezas resultado de las excavaciones, donaciones o requisiciones, con frecuencia dispuestas en sugerentes composiciones. Por lo consiguiente, el cuantioso acervo resguarda vistas de sitios arqueológicos antes y después de los trabajos de desmonte, así como imágenes de los principales edificios y monumentos, los procesos de excavación y restauración –en los que a veces aparecen los arqueólogos y trabajadores de la zona–, y la vida en los campamentos.

     Con la creación del Instituto se formó la Dirección de Monumentos Prehispánicos, la cual se abocó a la custodia y conservación del patrimonio arqueológico, y a la exploración e investigación de las zonas. Ignacio Marquina asienta que Luis Limón, quien había colaborado con Alfonso Caso e Ignacio Bernal, organizó el archivo de materiales fotográficos sobre arqueología. Muy diferentes de las imágenes de ruinas antiguas hechas por viajeros como Désiré Charnay –que inauguraron un nuevo género de la fotografía mexicana, mezcla de romanticismo y asombro ante los vestigios arqueológicos, tan lejanas a la precisión científica como espectaculares– la mayoría de las fotografías del siglo XX, son testimonios puntuales del proceso de excavación arqueológica y sus hallazgos. Sin pretensiones estéticas, son el auxiliar perfecto para documentar lo que el arqueólogo ve: los hallazgos tal y como aparecieron in situ, las capas y los colores de la tierra, las fases constructivas, la colocación de unas piezas respecto de otras, las formas de los entierros, las dimensiones de los objetos y la orientación que tenían originalmente. Por ello es común que aparezcan con escala, orientadas al norte y con los números de referencia topográfica que identifican la cala. Desafortunadamente, parte de los registros fotográficos sin datos precisos en cuanto al sitio, fecha, arqueólogo encargado del proyecto y fotógrafo. No obstante, las imágenes constituyen una rica fuente para la investigación en este ámbito, ya que aportan información de primera mano sobre la historia de la arqueología en nuestro país, y dan fe de la inmensa labor de registro que se realizó y que sigue llevando a cabo en el INAH.

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  • Acervo Etnográfico - Museo de las Culturas de Oaxaca

    Piezas etnográficas

    Los objetos de este acervo permiten un acercamiento a las costumbres y manifestaciones artísticas y populares de las poblaciones indígenas del estado de Oaxaca. Es importante destacar que estas actividades artísticas se siguen llevando a cabo en la actualidad, tal es el caso de la cerámica, orfebrería, tallas, herrería, talabartería, cuchillería y producción de bebidas.

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  • Colección Semo - Fototeca Nacional

    Fotografías

    En 1973, Simón o Senya Flechine (escrito a veces como Fleshin), decidió donar su acervo fotográfico a la nación, a través de la Secretaría de Educación Pública, con la intención de “invitar a todos los fotógrafos a seguir el ejemplo y hacer posible la creación de una Fototeca Nacional”, según relata el editor Raymundo López Ortiz. Meticulosamente ordenada por el fotógrafo y su esposa, Mollie Steimer (seudónimo de Marthe Alperine), la donación consistía en una serie de álbumes con negativos y contactos, así como impresiones, documentos, recortes de periódicos, notas biográficas, testimonios, reconocimientos y algunas publicaciones. En 1976 este material pasó a formar parte de la Fototeca de Culhuacán, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Poco después al fundarse la Fototeca del Instituto en la ciudad de Pachuca, Hidalgo, gran parte de las colecciones –entre ellas el material de Senya– fueron trasladadas a las nuevas instalaciones. En 1981, el Fondo SEMO creció gracias a la generosa donación de José Carbó Garriga y Carmen D. De Carbó, amigos cercanos de la pareja. Hoy en día se compone de 50,468 piezas (25,678 negativos y 24,790 positivos) que abarcan de 1920 a 1963.

    Ucraniano de origen, Simón Flechine nació en 1894. Judío y anarquista, se vio obligado a cambiar de país en varias ocasiones, buscando refugio y un lugar donde pudiera hacer honor a sus ideas políticas en el campo del activismo. Se inició en la militancia anarquista en los Estados Unidos, país al que llegó en 1913, y trabajó para la revista Mother Earth, editada por Emma Goldman y Alexander Berkman. Volvió a su país natal en 1917 para sumarse al movimiento revolucionario. Una trayectoria similar siguió Mollie, también de origen ruso, quien vivió la represión de manera más directa. Ambos se encontraron en Rusia, y en plena etapa de consolidación de la revolución bolchevique, ayudaron a sus compañeros militantes que habían caído presos, hasta que fueron arrestados. Acusados de anarquistas, los expulsaron de la Unión Soviética en 1923, y a continuación se instalaron en Berlín. Fue allí donde Senya se inició en la fotografía, aprendiendo de la experimentación formal y la documentación social entre las que oscilaba la vanguardia alemana. Se dedicó al reportaje y trabajó en el estudio de Sasha Stone, conocido fotógrafo que participó en la famosa exposición Film und Foto. Expuso por primera vez en su casa, y en el registro que realizó de la muestra podemos ya observar temas sobre los que trabajó obsesivamente toda su vida, como los estudios de manos y rostros, y los personajes representativos de alguna actividad o estado de ánimo. En esos años retrató a sus compañeros de militancia y de destierro, creando una colección de imágenes de anarquistas rusos y europeos.

    Huyendo del nazismo, Senya y Mollie se dirigieron a París en 1933, donde él trabajó como director artístico y técnico en los estudios Harcourt. Ahí se especializó en fotografiar personalidades del ambiente cultural parisino, y halló una manera más dramática de concebir el retrato, valiéndose de claroscuros, sombras y rasgos perfectamente delineados que subrayan la personalidad del retratado. En México perfeccionaría este estilo, insistiendo en un laborioso retoque que concibió como imprescindible para la obra final. En 1939, luego de la derrota republicana en la Guerra Civil española, los Flechine se abocaron a ayudar a numerosos anarquistas, justo cuando iniciaba la Segunda Guerra Mundial. Mollie fue enviada a un campo de concentración en mayo de 1940, y después de múltiples peripecias pudo reunirse con Senya. Nuevamente juntos, en 1941-1942 se embarcaron rumbo al México cardenista. Poco después de llegar a nuestro país, Flechine expuso en el Palacio de Bellas Artes y, bajo el rótulo “FOTO SEMO” –acrónimo conformado por la contracción de las primeras letras de su nombre y el de Mollie–, la pareja abrió un estudio en la calle de Artes número 28, por el cual desfilaron ciudadanos de a pie, intelectuales y políticos, pero sobre todo un nutrido grupo de actores de cine y de teatro, músicos, bailarines y vedettes. Sus fotografías sirvieron para ilustrar artículos y portadas de múltiples revistas. A fines de 1963, cerraron el estudio en la Ciudad de México y se mudaron a Cuernavaca, Morelos. En 1975, el fotógrafo publicó Semo Ballet, un libro con tomas del Ballet Moderno del coreógrafo Hans Weidt, realizadas durante su estancia en París. Cinco años después murió Mollie; Senya le sobrevivió apenas once meses, falleciendo el 19 de junio de 1981..

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  • Colección Felipe Teixidor - Fototeca Nacional

    Fotografías

    En enero de 1979 ingresó a la Fototeca Nacional el acervo de este destacado intelectual de origen español. Adquirido por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (inah). Por desgracia, también en este caso operaron los criterios de accesibilidad a los materiales, por lo que se modificó sustancialmente el orden original, incorporándose imágenes de otros fondos, especialmente del llamado Culhuacán, a la vez que piezas de este acervo fueron trasladadas a otras colecciones. En los últimos tiempos se ha trabajado para recuperar su integridad y actualmente cuenta con 13,532 piezas (410 negativos y 13,122 positivos) que abarcan de mediados del siglo XIX a cerca de 1970. El extenso legado de Teixidor se complementa con los materiales comprados por el Archivo General de la Nación, y por su acervo bibliográfico, adquirido en 1987 por la Biblioteca de México.

    Felipe Teixidor (1895-1980) nació en Barcelona, y se naturalizó mexicano en 1928. Estudió en su ciudad natal y muy joven se fue a vivir a París, donde estuvo en contacto con el medio artístico. Llegó a Orizaba, Veracruz, en 1919, y en 1922 se estableció en la capital, donde rápidamente se incorporó al ambiente cultural de vanguardia de la época, sobresaliendo su amistad con Edward Weston y Tina Modotti, la cual marcaría su apreciación hacia la fotografía, misma que también practicó. Frecuentó a diego Rivera, Jena Charlot, al Dr. Atl, Nahui Olin, Enrique y Gabriel Fernández Ledesma, Monserrat Alfau –Monna, quien se convertiría en su esposa-, Rafael Sala, Salvador Novo, Xavier Villaurrutia, Genaro Estrada y muchos otros.

    En México desarrolló sus intereses bibliográficos y cultivó su afán coleccionista. Fue vendedor de libros viejos, lo que seguramente le puso en contacto con fotografías antiguas –apreciadas por algunos miembros de sus círculo, como Enrique Fernández Ledesma-, y que debió empezar a coleccionar desde época muy temprana. Desempeñó múltiples puestos en la administración pública y coordinó las cuatro primeras ediciones del Diccionario Porrúa de historia, geografía y biografía de México y la colección Sepan Cuántos… de la misma casa editorial. La labor de edición la compartió con Monna, también española e intelectual por derecho propio. En 1980 ingresó a la Academia Mexicana de la Lengua.

    La colección de Felipe Teixidor destaca por su amplia variedad, que responde a su curiosidad en materia fotográfica y al uso que dio a las imágenes para documentar e ilustrar publicaciones. Con enorme sensibilidad plástica, Teixidor escogió obras de gran calidad, con técnicas y formatos tan diversos, que su legado resulta un valioso muestrario de los principales fotógrafos que trabajaron en México y de los distintos procesos fotográficos. Entre los autores extranjeros se encuentran Désiré Charnay, Julio Michaud, François Aubert, Alfred Briquet, William Henry Jackson, Gove and North y Hugo Brehme. En cuanto a los nacionales, cabe mencionar a Octaviano de la Mora, Lorenzo Becerril, Cruces y Campa, y los hermanos Valleto.

    Las imágenes con vistas de las principales ciudades mexicanas, así como sus paisajes y monumentos históricos y arqueológicos, han servido para el estudio del patrimonio mueble e inmueble. Su colección de retratos del siglo xx es una de las más ricas, tanto por la cantidad como por la amplia gama de personajes famosos y anónimos que aparecen, convirtiéndola en referencia básica para el estudio de las maneras de representación individual y colectiva de las clases media y alta del México decimonónico. Las series de tipos mexicanos y escenas costumbristas abren el espectro a una gama más amplia de nuestra sociedad. No faltan en su colección fotografías y postales de la Revolución, sobre todo de la Decena Trágica y la invasión norteamericana de 1914, además de vistas de ciudades y monumentos europeos y americanos. Finalmente, Teixidor también nos dejó un registro de sus viajes de trabajo, que le llevaron a recorrer gran parte del territorio nacional.

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