Los primeros registros que existen en México de la enfermedad del tifo datan del siglo XVI, en esos tiempos también se le conocía como tabardillo, cocoliztli o matlazáhuatl.

Existen dos tipos de tifo, el endémico, el cual se transmitía por la picadura de la pulga de la rata al hombre y el epidémico o exantemático, causado por la bacteria denominada rickettsia prowazekii, cuyo principal vector o transmisor es el piojo. Durante las epidemias diversas causas favorecían la propagación de la enfermedad, entre ellas, las malas condiciones sanitarias, el hacinamiento, así como el uso de prendas de lana.

El tifo epidémico tenía un periodo de incubación de siete a 21 días y algunos de sus síntomas eran fiebre, dolor de cabeza, escalofríos, erupciones cutáneas en diversas partes del cuerpo como axilas, cara, abdomen, tórax, brazos y muslos. También se presentaba tos seca, delirio, náuseas, vómito, dolor abdominal y diarrea. Aquellos que no lograban librar los estragos de la enfermedad fallecían a los 10 o 20 días después de que se les diagnosticaba la enfermedad.

Este exvoto data del siglo XX y está dedicado a San Francisco de Paula por su divina intervención para que la señora Luz Silis, recuperara su salud cuando se encontraba enferma de tifo y flujo de sangre por boca y nariz [sic]. Este retablo se exhibe en la exposición temporal Memoria de Milagros, en el Museo Nacional de las Culturas del Mundo. Visita virtualmente esta exposición en la Mediateca INAH.

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