En Tzintzuntzan, Michoacán la devoción por el Señor del Rescate está muy arraigada, ya que se le atribuye el milagro de haber ayudado a los fieles creyentes ante las terribles calamidades ocasionadas por una epidemia de viruela negra ocurrida en el siglo XVIII.

La letalidad de la viruela negra era muy alta, por ello pocos podían sobrevivir a sus estragos y aquellos que no morían quedaban cubiertos de cicatrices que les desfiguraban el rostro e incluso ciegos, debido a las lesiones ocasionadas en los ojos.

Se dice que durante la epidemia de viruela negra que atacó a a la población de Tzintzuntzan y tras la perdida de muchas vidas, el guardián del convento franciscano de Santa Ana suplicó la ayuda de Jesucristo, ante imagen que se encontraba en ese recinto, y a los pocos días la enfermedad desapareció, por tal motivo, a partir de ese momento se le conoció y veneró como el Señor del Rescate.

A través de este exvoto Calixto Loza expresó su agradecimiento y devoción al Señor del Rescate por los milagros recibidos. Este retablo se exhibe en la exposición temporal Memoria de Milagros, en el Museo Nacional de las Culturas del Mundo. Visita virtualmente esta exposición en la Mediateca INAH.

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