Diversas leyendas han dado cuenta del origen de la imagen de Jesucristo crucificado conocida como el Señor del Encino, quien es venerado en distintas regiones de México, particularmente en Yahualica de González Gallo, localizado en el estado de Jalisco.

Se dice que la imagen fue descubierta por un campesino de Yahualica, un hombre alcohólico, quien frecuentemente maltrataba a su esposa y cada domingo, ya embriagado, alquilaba una banda y recorría las principales calles del pueblo. Al regresar a su casa tenía que pasar por debajo de un árbol de encino, el cual constantemente causaba su enojo ya que una de sus ramas siempre le tiraba el sombrero. Hasta que un día, fastidiado por la situación, llevó consigo un hacha e intentó cortar la rama, y al primer hachazo brotó sangre del árbol. El campesino asustado fue a por el cura, quien se dirigió al lugar y vio que en el árbol de encino se figuraba la imagen de Cristo crucificado, al cual solo le faltaba un dedo, pues era la rama que el campesino cortó.

La devoción por esta imagen fue creciendo y muchos fieles creyentes invocan su protección y auxilio, tal como se constata en este exvoto dedicado por Bernabé Guerta [sic], en agradecimiento por la mejoría de su esposa, cuya salud se vio afectada por un accidente ocurrido en Colima.

Este retablo se exhibe en la exposición temporal Memoria de Milagros, en el Museo Nacional de las Culturas del Mundo. Visita virtualmente esta exposición en la Mediateca INAH.

Ir al contenido