Nació en Portugal y en 1522 formó parte del ejército de Carlos I de España y V de Alemania, luchando contra los franceses y después en Hungría, para combatir a los turcos.

Se cuenta que el ambiente licencioso en el que vivió durante ese tiempo, lo llevó a cometer pecados muy graves. Cerca de tener cuarenta años, alejado del ejército y acosado por los remordimientos de su vida pasada, decidió cambiar y consagrar su vida a Dios. Estando en Gibraltar comenzó a trabajar como vendedor ambulante de imágenes y libros. El día de San Sebastián, que era una de las grandes fiestas de la ciudad, el famoso Juan de Ávila llegó a predicar. Juan de Dios escuchó el sermón y empezó a implorar en voz alta la misericordia divina, golpeándose el pecho y corriendo por las calles como un loco.

Juan de Dios fue confesado por Juan de Ávila a quien le ofreció como penitencia hacerse el loco para que la gente lo humillara y lo hiciera sufrir, con la intención de pedir misericordia a Dios por todos sus pecados. Fue llevado al manicomio en donde se empleaban los más brutales métodos para curar a los enfermos mentales. Durante su estancia en ese lugar se dio cuenta que era un error pretender curar usando la tortura. Así que, cuando quedó libre estaba decidido a hacer algo por ellos, por lo que alquiló una casa para albergarlos y cuidarlos. Acciones que marcarían el origen de la Orden de los Hermanos de San Juan de Dios. Murió arrodillado ante el altar, el 8 de marzo de 1550. Fue canonizado en 1660, el Papa León XIII lo declaró patrón de todos los hospitales y enfermos.

Esta escultura de San Juan de Dios está tallada en madera, data del siglo XVIII y actualmente forma parte de la colección del Museo Nacional del Virreinato. Conócela en la Mediateca INAH.

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