En el dogma católico el corazón es muy importante, ya que se considera que en él habita el alma y por lo tanto es el centro de la vida. Por este motivo, el culto al Corazón de Jesús se asoció a innumerables escenas, entre ellas la del buen cristiano. En este contexto, se considera un buen cristiano a aquella persona que se impone ante las constantes tentaciones del demonio.

En este óleo se representa la fortaleza del corazón del buen cristiano. A su alrededor se pueden observar diferentes imágenes del demonio, quien a través de diversas tentaciones busca hacerlo pecar. En el extremo superior, un ángel sostiene dos cartelas en las que se alaba la perseverancia en la lucha contra el pecado, mientras que en el otro extremo un demonio sostiene grandes cadenas para aprisionar al hombre.

Esta pintura data del siglo XVIII y actualmente forma parte de la colección del Museo Nacional del Virreinato. Conócela en la Mediateca INAH.

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