En la basta colección de esculturas del Museo Nacional de Virreinato podemos admirar la representación de algunos santos, cuya fina talla en madera, aunada al uso de ojos de vidrio, lágrimas de cristal y dientes naturales, los dotan de un realismo inigualable.

Esta escultura es la de San Juan Nepomuceno, en cuya leyenda de vida destaca el martirio que sufrió por orden del rey Wenceslao de Praga, quien lleno de celos al sospechar que su esposa le era infiel, quiso obligarlo a romper el secreto de confesión para que le revelara todo lo que la reina le había contado bajo este sacramento. Ya que Juan Nepomuceno se negó a complacer las órdenes, el rey mandó que lo ataran doblado, con la cabeza pegada sobre los pies, y que lo lanzaran al río Moldava.

Conoce esta pieza en la Mediateca INAH.

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