Esta obra, ubicada en el Museo de Guadalupe, fue realizada por el pintor mulato José de Ibarra, quien nació en Guadalajara el 14 de abril de 1685.

Su formación como pintor tuvo lugar en la Ciudad de México cuando, alrededor del año 1701, la familia de Ibarra se traslado a la capital del virreinato, en donde aprendió del maestro Juan Correa y más tarde trabajó con el maestro Juan Rodríguez Juárez. Ibarra llegó a ser un pintor destacado y un líder entre sus colegas. Obtuvo el patrocinio de personajes importantes y poderosos, principalmente de miembros del ayuntamiento y del cabildo de la Catedral Metropolitana. Esto le abrió muchas puertas y le otorgó prestigio social. Gracias a esto logró congregar a los pintores para defender la pintura como un arte liberal y obtener un mejor estatus social. Realizó obras para la Catedral de México, la Catedral de Puebla, el Colegio de Tepotzotlán, así como retratos de virreyes y otros personajes importantes de la sociedad novohispana. También, fue uno de los pintores que examinaron el ayate de la Virgen de Guadalupe.

En esta pintura se representa el primer milagro de Cristo. Como relata el evangelio de San Juan, Cristo y la Virgen María asistieron a unas bodas en Canáa. Durante los festejos se terminó el vino, por lo que María pidió a su hijo que intercediera. A pesar de que Cristo le explicó que todavía no era tiempo de manifestarse como hijo de Dios, accedió a la petición de su madre convirtiendo el agua en vino. Este tema bíblico fue utilizado comúnmente para adornar los refectorios conventuales, por lo que posiblemente se encontraba originalmente en el comedor del colegio de Guadalupe.

Conoce esta pintura y muchas más en la Mediateca INAH.

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