San Isidro es considerado el santo de los agricultores, actividad a la que se dedicó durante casi toda su vida.

Si bien son pocos los datos biográficos que se conocen de este santo, se sabe que contrajo matrimonio, tuvo un hijo y dedicó su vida al trabajo y a la oración. Cuenta una leyenda que cuando san Isidro murió fue enterrado en una sencilla caja de madera y tras la insistencia de la gente, quienes continuamente difundían sus prodigios, sus restos fueron exhumados, sin embargo, su cuerpo se conservaba entero y con un aspecto tan natural que parecía estar vivo. Fue canonizado por el papa Gregorio XV en el año 1622.

El exvoto que aquí se presenta fue dedicado a san Isidro en agradecimiento a un milagro concedido. Conócelo en la exposición “Memoria de Milagros” que se presenta en el Museo Nacional de las Culturas o en la Mediateca INAH