El día de la Batalla de Puebla, ocurrida en los cerros de Loreto y Guadalupe, un telegrama oficial llegó a la presidencia con las siguientes palabras:

“Puebla, Mayo 5 de 1862.- A las 7 horas 3 minutos de la noche. - Señor Presidente. - Estoy muy contento con el comportamiento de mis Generales y soldados. -Todos se han portado bien. -Los franceses han llevado una lección muy severa; pero en obsequio de la verdad diré: que se han batido como bravos, muriendo una gran parte de ellos en los fosos de las trincheras de Guadalupe. -Sea para bien, Sr. Presidente. Deseo que nuestra querida Patria, hoy tan desgraciada, sea feliz y respetada en todas las naciones. -I. Zaragoza”.

El numeroso ejército expedicionario francés había sido vencido por el Ejército de Oriente al mando del general Ignacio Zaragoza. Los días que vinieron fueron muy crudos y la ciudad fue sitiada, pero esta victoria fue un alto precedente en defensa de la soberanía del país. 

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