COLECCIONES MEDIATECA

ACERVOS

  • Colección Jorge R. Acosta - Fototeca Nacional

    Fotografías

    Jorge Ruffier Acosta, hijo de un diplomático mexicano, nació en Pekín, aparentemente en 1908, y estudio antropología en la Universidad de Cambridge, Inglaterra, donde fue compañero de John Eric, el eminente mayista. Por encargo del gobierno mexicano y de instituciones estadounidenses, entre 1928 y 1931, realizó exploraciones arqueológicas en las zonas mayas de Guatemala y Belice, abocándose a investigar la influencia de la cultura incaica en Mesoamérica.

    Acosta participó durante dieciséis años en las exploraciones de Monte Albán, encabezadas por el doctor Alfonso Caso, dirigiéndolas de 1944 a 1949. También en calidad de director exploró tula (1940-1957), Chichén Itzá y Teotihuacán, donde estuvo a cargo de la reconstrucción del famoso Palacio de la Quetzalpapálotl. Murió en 1975, cuando era jefe de la Sección de Mantenimiento y Conservación del Departamento de Monumentos Prehispánicos del Instituto Nacional de Antropología e Historia.

    Como resultado de sus investigaciones, Acosta formó un importante registro fotográfico que él mismo integró en álbumes de acuerdo con las temporadas de trabajo. No es posible determinar cuáles imágenes son obra suya, ni el nombre de los autores que realizaron tomas de su labor arqueológica. La colección, bajo resguardo de la Fototeca Nacional desde 1979, tiene diferentes procedencias y aunque no abarca todos sus trabajos, cubre las temporadas de campo realizadas por Acosta en Monte Albán, Monte Negro, la Mixteca, Tula, Chichén Itzá, Palenque, Teotihuacán, Zaachila y El Tajín. Contiene 5,849 piezas (2,708 negativos y 3,141 positivos) que van de 1930 a 1960, y también incluye algunas películas, así como manuscritos.

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  • Colección Vives Price - Fototeca Nacional

    Fotografías

    Esta pequeña colección de 533 piezas (196 negativos y 337 positivos) ingresó en la Fototeca Nacional en los años ochenta, sin quedar registro de su procedencia. Todas las fotografías son de las primeras décadas del siglo XX, y entre los temas que abordan, se encuentran escenas de las fiestas del Centenario de la Independencia, algunas relacionadas con el comercio de imágenes que se desarrolló en torno a dicho evento. Así, aparecen los desfiles y las residencias oficiales; también encontramos vistas de la Ciudad de México, paseos y sucesos destacables, las grutas de Cacahuamilpa –una de las excursiones tradicionales de la época–, el transporte ferroviario y la industria.

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  • Colección Histórica de Mapas de México - Biblioteca Nacional de Antropología e Historia

    Mapas

    La Colección Histórica de Mapas de México es una selección del acervo de la Mapoteca de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia que contiene mapas originales, producidos entre los siglos XVII y XX, a través de los cuales pueden estudiarse las modificaciones que sufrió el territorio novohispano desde su descubrimiento y, más tarde, durante la conformación del territorio nacional. 

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  • Mapas del Archivo Histórico - Biblioteca Nacional de Antropología e Historia

    Mapas

    La mapoteca de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia cuenta con cartografía de los siglos XVII al XX entre mapas; planos urbanos y arquitectónicos; vistas y croquis de muy diversos temas como: históricos, topográficos, lingüísticos, etnográficos, climáticos y arqueológicos, entre otros. Así como de muy diferentes tipos de reproducción: grabados, litografías, cincografías, impresos, manuscritos, fotografías y copias heliográficas y fotostáticas. De estos sobresalen por su antigüedad, importancia histórica y riqueza ornamental, los grabados del siglo XVII y XVIII; y las litografías del siglo XIX. La biblioteca, tanto en su acervo general como en su mapoteca es una de las pocas instituciones que cuentan con cartografía antigua y en la cual se pueden encontrar mapas del México Virreinal que además de ser valiosos por su antigüedad y por la descripción del territorio, lo son también por su contenido artístico ya que en esta época los mapas solían ser sumamente adornados con escenas de la vida cotidiana; con flora y fauna muchas veces fantasiosas; y con ornamentación en títulos y dedicatorias.

    Por ser un acervo especializado en cartografía nacional encontraremos diversos grupos documentales importantes como las Cartas Generales de México, que resguarda mapas originales antiguos (grabados y litografías) que van de los siglos XVII al XIX a través de las cuales pueden estudiarse las modificaciones que sufrió el territorio novohispano conforme se iba descubriendo más territorio; y más tarde, ya independiente, cómo se fue desmembrando. En esta serie se encuentra un mapa antiguo de la Nueva España (1595), único del siglo XVI, que resguarda el acervo. De estas cartas generales encontraremos a reconocidos autores como: Guiljelmus Blaeuw, J. B. Poirson, Pierre Vander Aa; Nicolás Sanson, cuyos mapas fueron muchas veces reproducidos; Guillaume Del Isle, que tuvo una total influencia en la cartografía del siglo XVIII junto con Sanson; Abraham Orterlius, creador del Atlas; y Robert de Vaugondy, heredero de las placas de Sanson; etcétera, por mencionar algunos. Otro grupo documental importante es la cartografía existente sobre la Ciudad de México, estos dan cuenta de las transformaciones que ha sufrido la ciudad a través de los años. Contamos con una copia del primer mapa de la ciudad de México, atribuido a Hernán Cortés, hasta trazas urbanas de 1940. De este grupo documental contamos con cartas de autores clásicos como Giovanni Battista Ramusio, Diego García Conde, Ignacio Castera, Ildefonso Iniesta Bejarano, Carlos Nebel, Antonio García Cubas, uno de los principales geógrafos de México, etcétera.

    También encontraremos mapas antiguos de ciudades importantes como Puebla, Veracruz, León, Guadalajara y Acapulco. Asimismo el acervo cuenta con cartografía producto de la guerra de México con Estados Unidos que reflejan los movimientos militares, posiciones de las tropas y batallas libradas. Existen también mapas manuscritos de la zona arqueológica de Tikal, Guatemala; hechos por dos estudiosos de la zona maya: Tobías Maler y Alfred Tozzer. Otro grupo importante lo conforman las cartas lingüísticas de autores clásicos como: Othón de Mendizabal, Nicolás León y Wigberto Jiménez Moreno. En el caso de mapas topográficos contamos con cartas de gran escala que representan nuestro territorio nacional. Existen dos grupos importantes; uno de ellos son los mapas de la Carta de la República Mexicana a la 100 000a. editados por la Comisión Geográfica Exploradora de las cuales el acervo cuenta con 192 de las 197 que alcanzó a editar dicha comisión, entre los años de 1893 a 1911. De esta misma escala e importancia se encuentran las cartas topográficas editadas por el Departamento Geográfico Militar de la Secretaría de la Defensa Nacional entre 1949 y 1976.

    Es importante mencionar que el catálogo del acervo contempla también los registros (únicamente) de la cartografía existente en los diferentes fondos de la Biblioteca. Para términos del catálogo, estos registros se agruparon denominándoseles “Colección Biblioteca” que junto con la Colección Histórica de la Mapoteca conforman el catalogo. La ficha remite al acervo, serie o libro en que se encuentran los mapas. En esta búsqueda y registro de mapas existentes en la Biblioteca se tomó como política seleccionar los mapas antiguos tanto de México como mundiales que siguieran la misma línea del acervo. De estos se encontraron y registraron verdaderas joyas de la cartografía; muchas de ellas valiosas intrínsecamente, no sólo por su contenido sino por su antigüedad, belleza y demanda. En total se localizaron y catalogaron 2235 mapas de los siguientes fondos: • Fondo Reservado • Fondo Reservado Folio • Fondo Folio • Fondo Luis González Obregón • Atlas • Y Archivo Histórico. Estos mapas van del siglo XVI al XX. Por mencionar algunos sobresalen del siglo XVI, los mapas de Claudio Tolomeo de 1574; obra clásica del siglo XV; y de Abraham Ortelius de 1585; fundador del concepto de Atlas. Del siglo XVII sobresalen los de Ioanne Laet de 1633 y de Giovanni Battista Ramusio de 1606. Del siglo XVIII, Jean F. de La Perouse, 1793; Antonio de Ulloa, 748 y Robert de Vaugondy, 1762. Del XIX, siglo que se encuentra mejor representado en obras con mapas de Alejandro de Humboldt, 1827; Francesco Marmochi, 1840; Carlos Nebel, 1840; A. Brue, 1830 y M. Duflot de Mofras, 1842, etcétera. Y como ejemplo del Archivo Histórico sobresalen las cartas de la ciudad de México y los mapas que acompañan a los expedientes de la colonización y asentamiento en Texas durante los años de 1823 y 1831.

    Por otra parte, pensando en la preservación del acervo, al mismo tiempo en beneficio de los usuarios; se tomó como política realizar la toma fotográfica de los mapas más antiguos y los más solicitados por los investigadores. Este trabajo se hizo en transparencias de 4 x 5 “; óptimas, tanto para su reproducción como para su posterior digitalización. Con esto, el usuario puede obtener la reproducción del material de su interés de manera digital o en impresión. La preservación del acervo no sólo es a través de la toma fotográfica; si no que también se ha buscado su conservación a través de la estabilización de los mapas. Esta tarea de estabilización consiste en la realización de limpieza superficial y elaboración de guardas libres de ácido que evitan que los documentos se sigan deteriorando. Al mismo tiempo que su presentación y manipulación al usuario es más adecuada y correcta.

     

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  • Colección de vidrio - Museo Nacional del Virreinato

    Piezas históricas

    La producción de objetos elaborados en vidrio comenzó en la Nueva España en el último tercio de siglo XVI. Con la creciente población fue necesario importar una gran cantidad de vidrio de las fábricas europeas. El museo cuenta con piezas de vidrio blanco cuyos principales centros de fabricación fueron Alemania, Francia, Inglaterra y España; a este vidrio también se le conoce como de ramilletes, por su decoración basada en ramos de flores policromadas. Posee también piezas de vidrio azul marino y añil; así como otras del tipo transparente, decoradas con motivos polícromos y dorados.

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  • Colección Jorge Guerra - Fototeca Nacional

    Fotografías

    El arquitecto Jorge Guerra donó a la Fototeca Nacional, el 27 de octubre de 1977, 344 positivos que datan de las primeras décadas del siglo XX. En este acervo privado se aprecia un especial interés por las imágenes de la Revolución Mexicana, ya que incluye una colección de fotografías en formato postal del levantamiento maderista en Ciudad Juárez y en el norte del país, así como del gobierno de Francisco I. Madero, firmadas por Heliodoro J. Gutiérrez, C.C. Harris, E. H. y La Rochester.

    También se encuentran interesantes imágenes de la Decena Trágica, obra de Eduardo Melhado y Ponciano Flores Pérez; el seguimiento fotográfico de la trayectoria del general Álvaro Obregón por Jesús H. Abitia; una serie de tipos populares de Winfield Scott, editada por la Sonora News Company, y vistas de una hacienda cafetalera, tomadas por Charles B. Waite.

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  • Colección Imágenes de Cámara - Fototeca Nacional

    Fotografías

    Bajo este rubro se agrupan tres técnicas utilizadas en el siglo XIX para producir una imagen positiva directa y única: daguerrotipo, ambrotipo y ferrotipo, así como algunas variantes del proceso al colodión, como el melanotipo. Por motivos de conservación, y dado el especial cuidado que requieren estos materiales, la mayoría de las imágenes de cámara dispersas en otras colecciones, principalmente Chapultepec y Felipe Teixidor, fueron concentradas en esta colección hace ya un par de décadas. Así, está integrado por 95 piezas (27 daguerrotipos, 44 ambrotipos, 20 ferrotipos y cuatro variantes del proceso al colodión) que van de 1847 a fines del siglo XIX. 

    El daguerrotipo es la primera técnica que se considera fotográfica y se trata de un imagen positiva cuyo soporte es una placa de cobre, sensibilizada con yoduro de plata, que generalmente se colocaba en un marco o estuche protector. El ambrotipo, imagen positiva directa sobre una placa de vidrio a partir del proceso al colodión húmedo, se comenzó a usar en el decenio de 1850. El ferrotipo, derivado del ambrotipo, fue el medio más económico para conservar una imagen personal, y su práctica se extendió hasta las primeras décadas del siglo XX. Tal como sucedió en otros países, en México estas imágenes se utilizaron sobre todo para el retrato, y hoy constituye una muy particular galería de los personajes que poblaron los estudios fotográficos –establecidos o improvisados– en busca de una representación personal que trascendiera el umbral de la propia vida.

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  • Colección Luis Castillo Ledón - Fototeca Nacional

    Fotografías

    Es una de las colecciones documentales más emblemáticas. Se incorporó en el 2008, con 541 impresiones fotográficas estereoscópicas y otras de formato 4 x 5 pulgadas. Imágenes captadas por el fotógrafo Gustavo F. Solís, a solicitud del periodista, historiador y político mexicano Luis Castillo Ledón (1879-1944). Ambos recorrieron cerca de doce mil kilómetros siguiendo el itinerario del cura Miguel Hidalgo y Costilla, durante el movimiento de Independencia por varias entidades del país. Dichas fotografías fueron parte de un proyecto encomendado por la entonces Secretaría de la Instrucción Pública y Bellas Artes, para conmemorar el Centenario de la Independencia.

    El académico nayarita Luis Castillo Ledón realizó el trabajo, entre 1909 y 1910, complementando con un texto que se publicó póstumo: “Hidalgo, la vida del héroe”. Recorriendo a lomo de caballo llegó a poblados y lugares alejados encontrando a veces ruinas de los lugares, pero registrando cada uno de los sitios, como el antiguo obispado de Morelia, la casa grande de Corralejo o la casa donde nació Hidalgo en Pénjamo. Resulta interesante una vista de la ciudad de Chihuahua desde el cerro del Coronel, lo que nos indica que tanto el historiador como el fotógrafo tomaron muy en serio su labor de registro. No podía dejar fuera una toma de la pila bautismal del cura Hidalgo in situ en Cuitzeo de los Naranjos, Guanajuato, hoy de Abasolo. Las piezas fotográficas, en su mayoría positivos en albúmina y otras en plata gelatina, todas montadas sobre soporte secundario; fueron donadas directamente por Beatriz Castillo Ledón de González –hija de Don Luis Castillo León– a la Fototeca Nacional.

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  • Colección Semo - Fototeca Nacional

    Fotografías

    En 1973, Simón o Senya Flechine (escrito a veces como Fleshin), decidió donar su acervo fotográfico a la nación, a través de la Secretaría de Educación Pública, con la intención de “invitar a todos los fotógrafos a seguir el ejemplo y hacer posible la creación de una Fototeca Nacional”, según relata el editor Raymundo López Ortiz. Meticulosamente ordenada por el fotógrafo y su esposa, Mollie Steimer (seudónimo de Marthe Alperine), la donación consistía en una serie de álbumes con negativos y contactos, así como impresiones, documentos, recortes de periódicos, notas biográficas, testimonios, reconocimientos y algunas publicaciones. En 1976 este material pasó a formar parte de la Fototeca de Culhuacán, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Poco después al fundarse la Fototeca del Instituto en la ciudad de Pachuca, Hidalgo, gran parte de las colecciones –entre ellas el material de Senya– fueron trasladadas a las nuevas instalaciones. En 1981, el Fondo SEMO creció gracias a la generosa donación de José Carbó Garriga y Carmen D. De Carbó, amigos cercanos de la pareja. Hoy en día se compone de 50,468 piezas (25,678 negativos y 24,790 positivos) que abarcan de 1920 a 1963.

    Ucraniano de origen, Simón Flechine nació en 1894. Judío y anarquista, se vio obligado a cambiar de país en varias ocasiones, buscando refugio y un lugar donde pudiera hacer honor a sus ideas políticas en el campo del activismo. Se inició en la militancia anarquista en los Estados Unidos, país al que llegó en 1913, y trabajó para la revista Mother Earth, editada por Emma Goldman y Alexander Berkman. Volvió a su país natal en 1917 para sumarse al movimiento revolucionario. Una trayectoria similar siguió Mollie, también de origen ruso, quien vivió la represión de manera más directa. Ambos se encontraron en Rusia, y en plena etapa de consolidación de la revolución bolchevique, ayudaron a sus compañeros militantes que habían caído presos, hasta que fueron arrestados. Acusados de anarquistas, los expulsaron de la Unión Soviética en 1923, y a continuación se instalaron en Berlín. Fue allí donde Senya se inició en la fotografía, aprendiendo de la experimentación formal y la documentación social entre las que oscilaba la vanguardia alemana. Se dedicó al reportaje y trabajó en el estudio de Sasha Stone, conocido fotógrafo que participó en la famosa exposición Film und Foto. Expuso por primera vez en su casa, y en el registro que realizó de la muestra podemos ya observar temas sobre los que trabajó obsesivamente toda su vida, como los estudios de manos y rostros, y los personajes representativos de alguna actividad o estado de ánimo. En esos años retrató a sus compañeros de militancia y de destierro, creando una colección de imágenes de anarquistas rusos y europeos.

    Huyendo del nazismo, Senya y Mollie se dirigieron a París en 1933, donde él trabajó como director artístico y técnico en los estudios Harcourt. Ahí se especializó en fotografiar personalidades del ambiente cultural parisino, y halló una manera más dramática de concebir el retrato, valiéndose de claroscuros, sombras y rasgos perfectamente delineados que subrayan la personalidad del retratado. En México perfeccionaría este estilo, insistiendo en un laborioso retoque que concibió como imprescindible para la obra final. En 1939, luego de la derrota republicana en la Guerra Civil española, los Flechine se abocaron a ayudar a numerosos anarquistas, justo cuando iniciaba la Segunda Guerra Mundial. Mollie fue enviada a un campo de concentración en mayo de 1940, y después de múltiples peripecias pudo reunirse con Senya. Nuevamente juntos, en 1941-1942 se embarcaron rumbo al México cardenista. Poco después de llegar a nuestro país, Flechine expuso en el Palacio de Bellas Artes y, bajo el rótulo “FOTO SEMO” –acrónimo conformado por la contracción de las primeras letras de su nombre y el de Mollie–, la pareja abrió un estudio en la calle de Artes número 28, por el cual desfilaron ciudadanos de a pie, intelectuales y políticos, pero sobre todo un nutrido grupo de actores de cine y de teatro, músicos, bailarines y vedettes. Sus fotografías sirvieron para ilustrar artículos y portadas de múltiples revistas. A fines de 1963, cerraron el estudio en la Ciudad de México y se mudaron a Cuernavaca, Morelos. En 1975, el fotógrafo publicó Semo Ballet, un libro con tomas del Ballet Moderno del coreógrafo Hans Weidt, realizadas durante su estancia en París. Cinco años después murió Mollie; Senya le sobrevivió apenas once meses, falleciendo el 19 de junio de 1981..

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OBJETOS AL AZAR

  • Carta de la capital de Oaxaca y de sus alrededores

    Mapas

  • El arte del esmalte a fuego sobre metal. Manuel y Rodrigo Sarabia

    Exposiciones

  • Esther Fernández pintando

    Fotografías

  • Heraclio Bernal

    Pistas de Música

  • Calotipo, colotipo y kallytipo

    Artículos de Revista

  • Glifo de "Oztoman", variante

    Fotografías

  • Libro de bautismos No. 13

    Archivo histórico

  • Tres Marías

    Pistas de Música

  • Museo Regional de Michoacán

    Cápsulas de video


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