Los caminos solitarios fueron, y siguen siendo, los lugares ideales para que los bandoleros llevaran a cabo sus reprobables atracos. Muchos de ellos, para cumplir su cometido, herían o golpeaban a sus víctimas, quienes frecuentemente veían en peligro su vida por lo que imploraban a Dios, a la Virgen o a algún Santo para evitar la muerte.

El exvoto que aquí se presenta data de 1929 y fue dedicado por Juan Duarte quien se encomendó a la piadosa intercesión de la Virgen Guadalupe de Piedras Negras al ser asaltado y herido cuando transitaba por el camino de Apaseo, Guanajuato.

Este retablo se exhibe en la exposición temporal Memoria de Milagros, en el Museo Nacional de las Culturas de Mundo. Visita virtualmente esta exposición en la Mediateca INAH.

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