De acuerdo con una leyenda cuya historia se desarrolla entre 1545 y 1560, el Señor del Hospital era una imagen de Cristo a quién se encomendaba un grupo de indígenas para enfrentar a los españoles. La imagen los acompañó en muchas batallas hasta que en una de ellas murió el jefe de estos guerreros y los sobrevivientes huyeron por montes y serranías, llevándola consigo. Llegaron al pueblo de Jilotepec y ahí la imagen de Cristo fue venerada durante mucho tiempo por toda la población hasta que un descendiente de aquellos indígenas que la habían llevado a ese lugar, tuvo un sueño en el que Jesucristo le dijo que tomara la cruz y la llevara por otros lugares y que un día al despertar, la vería clavada en tierra.

El hombre hizo lo que se le indicó en su sueño. Los pobladores de Jilotepec, quienes ya consideraban la imagen como suya, fueron en su búsqueda y cuando lograron alcanzarlo, este escondió la cruz para ponerse a salvo. A la mañana siguiente salió de su escondite y al ir por la imagen se dio cuenta que, por obra divina, el Cristo había cambiado de color y ahora era negro para evitar que se lo llevaran los pobladores de Jilotepec. Esta es la razón por la que el Señor del Hospital también es conocido como el Cristo Negro. Ya sin ser perseguido, el hombre continuó llevando la imagen por distintos lugares hasta que, al llegar a la actual ciudad de Salamanca en Guanajuato, la cruz fue colocada en el altar mayor de la llamada Capilla del Hospital y un martes santo, la cruz apareció clavada en tierra señalando que ese era el lugar al que pertenecía.

Este exvoto es uno de los muchos que se han dedicado a agradecer los milagros concedidos por el Señor del Hospital. Este retablo fue elaborado en 1931 y se exhibe en la exposición temporal Memoria de Milagros, en el Museo Nacional de las Culturas del Mundo. Visita virtualmente toda la exposición en la Mediateca INAH.

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