De acuerdo con la tradición, la casa de Nazaret en que habitaron la Virgen María, San José y Jesucristo tuvo que ser trasladada por los ángeles para protegerla de los sarracenos, quienes invadieron Jerusalén en el año 1291. En un primer momento fue llevada a Croacia, pero tres años después se trasladó a Loreto, Italia, donde se le construyó un santuario.

El segundo traslado es narrado por esta pintura del Museo del Virreinato. En ella se representa la casa llevada en una nube por los ángeles y, sobre el techo, a la Virgen María con el Niño Jesús en brazos. La casa llega por el mar y sobrevuela la región de Ancona, pasando por distintas poblaciones y realizando milagros antes de aterrizar definitivamente en Loreto.

En el Templo de San Francisco Javier del Colegio de Tepotzotlán se encuentra una réplica fiel de esta casa, por lo que fue considerada una reliquia y un lugar de peregrinaje durante la época novohispana. Al interior del recinto hay una escultura de la Virgen de Loreto y un camarín, espacio privado e íntimo en el cual se vestía a la Virgen y se le colocaban joyas. Esta habitación se encuentra decorada con hermosos retablos barrocos, así como pinturas y esculturas de madera tallada, estofada y policromada.

Debido a su valor artístico e histórico, el camarín ha sido restaurado y estudiado por la especialista del INAH Xochipilli Rossel Pedraza, quien nos cuenta sobre su trabajo y acerca de la devoción a la Casa de Loreto en una entrevista de la Serie “Somos nuestra memoria” de Radio-INAH.