El culto a la Virgen de Ocotlán se remonta al año 1541, cuando gracias a su intervención desapareció la devastadora peste que en ese tiempo desolaba a los pobladores de esa zona, ubicada en Tlaxcala.
De acuerdo con la leyenda el milagro de la Virgen tuvo lugar cuando se le apareció a un indio llamado Juan Diego Sernardino y estando con él hizo brotar de un manantial aguas curativas con las que se logró eliminar la peste.

La Virgen también le informó a Juan Diego que encontraría una imagen suya plasmada en un ocote, la cual deseaba fuera colocada en una capilla que había en la loma, en la que se le rindió culto hasta que se comenzó a construir el actual templo en el que se le venera.

Esta pintura al óleo, cuyo autor se desconoce, se exhibe en el Museo Regional de Tlaxcala.

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