San Martín nació en Hungría en el año 316 y conoció el cristianismo mientras realizaba sus estudios en Pavía. Sus padres, que eran paganos, intentaron alejarlo de la fe cristiana obligándolo a ingresar al ejército.

Martín desempeñó sus deberes militares escrupulosamente, sin olvidar sus aspiraciones cristianas, hasta que un día de invierno sucedió un hecho que cambió su vida. Al entrar en Amiens, se encontró con un mendigo sin ropa casi helado. Martín, sin pensarlo, dividió su capa en dos partes y entregó una al desvalido hombre. Esa noche tuvo una visión en la que Cristo decía le decía a unos ángeles: "¡Mirad, es el manto que me dio Martín el catecúmeno!".

Después de este acontecimiento San Martín recibió el bautismo y dos años después, dejó la milicia para seguir a Cristo. En el año 371, fue invitado a Tours, en cuya catedral la multitud lo aclamó como obispo, y aunque él se declaró indignó de recibir tal cargo, se vio obligado a aceptarlo. Durante 35 años llevó a cabo una agotadora labor apostólica, reprimió a los herejes, defendió a los condenados a muerte y realizó innumerables "milagros". San Martín de Tours murió el 8 de noviembre del año 397.

Este óleo, de autor desconocido, fue elaborado en el siglo XVIII y se exhibe en el Museo Nacional del Virreinato.

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