Para el siglo XVIII las autoridades virreinales habían establecido un control riguroso para regular la cacería, lo que la limitó a ser una actividad reservada para una minoría. Buscando ser un reflejo de la sociedad europea, la cacería pasó de ser un medio de subsistencia, a través de la cual se obtenía alimento, a ser un pasatiempo exclusivo de la alta aristocracia. Dicha práctica quedó plasmada en muchas pinturas, entre ellas la que se exhibe en el Museo Nacional del Virreinato, titulada Escena de cacería, cuyo autor se desconoce.