Cuando nació Dionisio, hijo de la mortal Sémele y el dios Zeus, este le entregó el bebé al dios Hermes para que lo protegiera de su esposa, la diosa Hares, pues esta estaba celosa.

El mensajero Hermes entregó el niño Dionisio a un campesino conocido como Sileno, quien sobresalía como sátiro en su región. Sileno y dos ninfas conocidas como las Nisíades cuidaron y criaron al infante. Esta escena, plasmada en esta réplica de la vasija original que se encuentra en el Museo de las Culturas del Mundo, fue muy representada en los vasos de la antigua Grecia, a mediados del siglo V antes de Cristo.

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