En la tradición, Dios se hizo visible frente a los humildes y los sabios.

En los evangelios se menciona que los más sabios, los llamados magos de Oriente, Melchor, Gaspar y Baltasar, llegaron a dar el recibimiento al niño Jesús, después de una larga travesía y desde lugares muy lejanos, guiados tan solo por una estrella. Los tres Reyes Magos le ofrecieron oro, al Niño Jesús, para venerar su esencia divina; incienso, para celebrarlo como Dios; y mirra, para adorar su grandeza como hombre.

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