El origen de los abanicos se remonta a la antigüedad, cuando se utilizaban como protectores solares, ahuyentar a los insectos o, simplemente, para refrescarse.

En el caso de los aztecas, algunos abanicos hechos de plumas coloridas y madera eran utilizados por la realeza como una insignia militar en actos rituales, en especial, al momento de personificar al dios Quetzalcóatl. Estos objetos, además de distinguir a las clases nobles y los mercaderes, proporcionaban un rasgo elegante en las indumentarias del tlatoani y la familia real.

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