“A este tiempo se apareció Santiago sobre un fuerte y hermoso caballo blanco”.

“A su vista se animaron briosos los cristianos y se amedrentaron tanto los infieles que, cobardes, volvieron las espaldas, huyendo desordenados, dejando el campo lleno de cadáveres moros y corriendo arroyos de su sangre”. Esta descripción, realizada por José González de Tejada, plasma con detalle la imagen que sobre Santiago se mantendría en España y marcaría la identidad española a lo largo de los siglos. En la Nueva España, su figura sería retomada por los conquistadores, quienes conseguían valor en la imagen del apóstol, pues le atribuían milagros en las batallas.

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