Existen muchas interpretaciones acerca de las características y particularidades de los dioses y su naturaleza.

Los primeros cronistas del mundo americano describieron, con asombro, los innumerables dioses que habían reconocido en los santuarios de Cozumel, Cempoala, Tlaxcala, Cholula, Tetzcoco y México-Tenochtitlan. Según las descripciones de Fray Toribio de Benaventes, “Unos tenían figuras de hombres y otros de mujeres, otros de bestias fieras como leones, tigres y perros venados, otros como culebras”. Pero la realidad era todavía mayor, pues el sincretismo religioso de los mexicas contenía una cantidad más extensa de seres y deidades en su su cultura, como se observó tiempo después.

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