En esta obra de 1858, el pintor Primitivo Miranda retrata la celebración de Semana Santa de Cuautitlán, Estado de México.

Podemos ver una procesión que camina detrás de los santos y un fraile franciscano que dirige un discurso a un grupo de creyentes. Llaman la atención un indígena que toca una trompeta, un indígena con una máscara que toca el tambor y la figura central de una mujer con rasgos de china poblana que se sostiene de un hombre, inclina ligeramente la cabeza y voltea a ver hacia el espectador. Se trata de una fusión de creencias, superstición, el carnaval popular y el fervor religioso del México de principios de siglo XX.

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