Las fiestas en el canal de La Viga eran célebres, y no había rico ni pobre que se las perdiera, así lo atestigua Guillermo Prieto y recuerda muy especialmente a “la canoa característica, la canoa sin lienzos, sin tapa ni ambages, es la canoa del baile. Un arpista, tres cantoras, un bajo constipado, dos muchachos con sus triángulos, dos barriles de pulque, y cuatro valientes; he ahí el capital floreciente del salón flotante de las Tersípcores de frunzón y chinguirito; artículo que circula oculto, que como la espada de la ley, no se ve hasta que se siente.

En esa canoa se verifican las vacaciones del tizne y el asueto de la grasa; la provocación del harapo, y la concupiscencia del chirlo, el retozo de la mecha grosera y la apoteosis del rasgón, del remiendo y del nudo”. Eran fiestas de rompe y rasga, ¡qué ganas de estar allí!

Esta obra, Baile en el canal de La Viga del pintor alemán Johann Moritz Rugendas, realizada durante su estancia en México entre 1802 y 1858, pertenece a la colección del Museo Nacional de Historia, Castillo de Chapultepec, pero puedes verla aquí en la Mediateca INAH.